CULTURA: 50 años viajando en el “Yellow Submarine”

CULTURA: 50 años viajando en el “Yellow Submarine”

Se dice que el pop norteamericano perdió la inocencia el día en que se supo que los Monkees no tocaban sus instrumentos (esta es una de esas verdades a medias que los académicos del rock han acabado elevando a la categoría de dogma incontestable). Pues bien, de igual modo podría afirmarse que el pop británico se enteró de que los reyes eran los padres cuando trascendió que las voces de los Beatles en la película ‘Yellow Submarine’ no eran en realidad las de John, Paul, George y Ringo, sino las de unos actores contratados por su facilidad para impostar un fuerte acento de Liverpool.

El filmes es todo un catálogo de estilos de animación cuya influencia abarca desde Monty Python a ‘Los Simpson’ y Pixar

En realidad, solo tres de esos dobladores -John Clive (que interpretó a Lennon), Geoffrey Hughes (que hizo de McCartney) y Paul Angelis (Starr)- eran intérpretes profesionales. El cuarto, Peter Batten (Harrison), no tenía la menor experiencia como actor y fue reclutado en un pub por el director George Dunning, a quien le gustó su voz. A mitad de grabación, Batten estaba un día en la cama con una joven del equipo de rodaje cuando la policía militar irrumpió en la habitación y lo arrestó (al parecer, el tipo había desertado del ejército británico en Alemania). Ya nunca se volvió a saber de él. Paul Angelis, que no solo ponía la voz de Ringo sino también la del jefe de los malvados Blue Meanies, tuvo que doblar a George en las escenas que faltaban.

Una obra maestra del arte pop

Este fue solo uno de los muchos infortunios que torpedearon la accidentada producción de ‘Yellow Submarine’, un proyecto del que los Beatles se desentendieron casi por completo y que solo pudo salir a la superficie después de hacer frente a un sinfín de problemas financieros, líos contractuales y decisiones creativas equivocadas. La película, estrenada el 17 de julio de 1968, tenía todos los números para ser un desastre. Milagrosamente, resultó ser una obra maestra del arte pop y hoy es reconocida como un hito de la era psicodélica que revolucionó el cine de animación para adultos. Para conmemorar su 50 aniversario, la cinta será proyectada en cines de todo el mundo (en Barcelona, el 10 de julio en los Yelmo Comedia) en una versión restaurada con resolución digital 4K y banda sonora remezclada.

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Como tantas cosas que hicieron los Fab Four en la segunda mitad de los 60, ‘Yellow Submarine’ nació de uno de esos compromisos contraídos en los alegres días de la ‘beatlemanía’ que luego a nadie le apetecía mucho cumplir. El contrato firmado con United Artists obligaba al grupo a participar en tres filmes (‘A hard day’s night’ y ‘Help!’ fueron los dos primeros), pero los Beatles no tenían la menor intención de embarcarse en un nuevo rodaje, así que su mánager, Brian Epstein, pensó que una película de animación serviría para cerrar el acuerdo sin que los músicos tuvieran que involucrarse demasiado.

Epstein contactó con Al Brodax, el productor de una serie de dibujos animados protagonizada por el grupo de Liverpool que la cadena estadounidense ABC emitía los sábados por la mañana. Los Beatles la odiaban (encontraban particularmente detestables las voces americanizadas que tenían sus personajes), de modo que la presencia de Brodax en el proyecto de ‘Yellow Submarine’ convirtió su indiferencia inicial en abierta hostilidad.

El contrato estipulaba que la banda debía proveer cuatro canciones nuevas para la película. Cuando Paul McCartney le preguntó a John Lennon de dónde iban a sacar el tiempo para componer esas piezas, este respondió: “No lo haremos”. Así que en lugar de sentarse a escribir específicamente para el filme, decidieron adoptar un enfoque más, uh, pragmático. Cada vez que en el estudio consideraban que una canción no era suficientemente buena para incluirla en un disco se decían: “Dejémosla para la película”.

 

Pero a veces vale la pena escarbar en la basura de la gente con talento. Y los Beatles iban tan sobrados de genio que entre las composiciones nuevas que arrojaron al contenedor de ‘Yellow Submarine’ no pudieron evitar colar una gema como ‘Hey Bulldog’, una de las canciones más subestimadas del catálogo de los Fab Four que ya solo por su magnífica línea de bajo (improvisada por Paul en el estudio) merece la etiqueta de obra mayor.

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Entretanto, Al Brodax había encargado el desarrollo de la película a una pequeña compañía de animación londinense dirigida por George Dunning y John Coates. Estos se resistían a la idea del productor de simplemente adaptar al gran formato la serie de dibujos animados y buscaban algo que tuviera una relevancia artística y cultural a la altura del resto de la obra de los Beatles, a los que admiraban muchísimo. Las puertas de la inspiración se abrieron el día en que, invitados por George Martin, asistieron en Abbey Road a una audición privada de lo que iba a ser el nuevo álbum del grupo: ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’. Lo que oyeron fue una revelación.

 

Ambos salieron del estudio con un propósito claro: harían un filme que capturara el espíritu de revolución contracultural y cambio social contenido en los surcos del disco. A partir de los diseños aportados por el ilustrador alemán Heinz Edelman (que, en una conexión improbable, años después sería el creador de Curro, la mascota de la Expo de Sevilla), el equipo de Dunning y Coates desplegó un inabarcable catálogo de imágenes memorables que funden pop y vanguardia artística con estupendos resultados. “Es una verdadera enciclopedia de estilos de animación”, afirma Laura E. Cortner, coautora del libro ‘Inside the Yellow Sumbarine’, que destaca la profunda influencia que la película tuvo, por ejemplo, en las piezas que Terry Gilliam hizo para Monty Python (el segmento de ‘Eleanor Rigby’ es puro Gilliam ‘avant la lettre’) y su huella, algo menos obvia, en proyectos tan exitosos como ‘Los Simpson’ o las producciones de Pixar.

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Una epopeya clásica

Más problemática resultó la confección del guion, tarea para la que fueron contratados cinco escritores, entre los que figuraban el novelista Erich Segal (autor del superventas ‘Love Story’) y el poeta de Liverpool Roger McGough, que se encargó de poblar los diálogos de bromas privadas y juegos de palabras intraducibles (“It’s blue glass. Must be from Kentucky”). Adaptando el esquema de las epopeyas clásicas, la trama relata el azaroso viaje de los Beatles en un submarino hasta Pepperland, donde encabezan una rebelión contra la tiranía de los Blue Meanies, que han proscrito el color y la música.

Ocupados en su búsqueda espiritual y sus viajes a la India, John, Paul, George y Ringo no vieron la película hasta que estaba casi terminada y, tal vez arrastrados por el mensaje que proclama la victoria del amor sobre el odio, cambiaron su animadversión primera por sincera admiración. Tanto les gustó que decidieron aparecer en persona al final de la cinta, en una escena en la que Lennon alerta de la presencia de Blue Meanies en las inmediaciones del cine y anima a sus compañeros a cantar ‘All together now’ para contrarrestar su maligna presencia.

El cameo no engañó a United Artists, que determinó que ‘Yellow Submarine’ no era una película de los Beatles y obligó al grupo a cederles la distribución del documental ‘Let it be’ para liquidar su contrato. Como se ve, los Blue Meanies no se habían extinguido del todo. De hecho, medio siglo después, siguen campando por el mundo y ocupando puestos de altísima responsabilidad. Como advirtió John Lennon, “más nuevos y más azules”.

 

 

Fuente: elPeriodico españa