Murphy Paiz está haciendo pedazos a la Usac

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Por: Jorge Mario Rodríguez

La pandemia del COVID-19 ha derretido, a nivel global, el maquillaje que enmascaraba la verdadera naturaleza de un orden basado en la injusticia y en el más cínico pillaje. Por esta razón, muchas sociedades se encuentran en franca lucha con los centros de poder, tanto los tradicionales como los que han surgido con la alienante globalización. Cuando se desvanezca la confusión de la crisis, se desarrollarán esfuerzos globales para combatir la necrocorrupción que niega el derecho a vivir con dignidad.
Somos responsables, sin embargo, de los esfuerzos locales por librarnos de las insoportables cadenas de la corrupción. Estos deben proyectarse hacia el interior de las instituciones, especialmente cuando estas son las universidades nacionales, las cuales han jugado un papel fundamental para pensar los problemas sociales con base en la conciencia emancipatoria de cada época.
Por esta razón, es necesario llamar la atención sobre la forma en que conocidos grupúsculos están despedazando la Universidad de San Carlos de Guatemala. Arropados en la confusión de la pandemia, estos siguen destruyendo una institución que tiene una responsabilidad fundamental, aún más en el futuro próximo, con la sociedad guatemalteca.
Murphy Paiz permanece en la rectoría de la Usac, no solo por el apoyo de los oportunistas de siempre, sino también gracias al silencio de una mayoría universitaria sometida a la amenaza de quedarse sin trabajo y de otro sector indiferente, al cual le falta la conciencia que surge de la reflexión. El Consejo Superior Universitario, con las honrosas excepciones del caso, se ha convertido en una guarida en donde se traiciona el futuro de la universidad.
Como siempre, la crisis se manifiesta en la insaciable voracidad del rector por manejar el dinero a su conveniencia y antojo. Llama la atención su gusto por la obra gris, tanto como su insistencia de manejar 120 millones de dólares según su malévola conveniencia. Murphy Paiz, fiel a la mala fe que lo caracteriza, ignoró los acuerdos que llevaron a uno de los cierres más prolongados de la Usac.
Duele, entonces, que muchos sancarlistas que de verdad aman a la tricentenaria hayan dejado solo a un grupo de estudiantes que protestan contra las maquiavélicas maniobras del impresentable rector. No podemos dejar la responsabilidad de lograr una mejor universidad en manos de estudiantes que, a diario, sufren el acoso de este individuo.
Hay que decirlo claro: es necesario sacar a Murphy Paiz de la rectoría. Si se permite que pase más tiempo, este individuo destruirá la universidad. Lo prueba que no se preocupe con el impago de salarios, ni se cuide de los intereses de los jubilados. Como buen mafioso, se entusiasma con el malgasto en rubros innecesarios (seguridad privada), mientras ignora las necesidades de la institución.
Es cierto que se debe pelear por el presupuesto, pero sabemos que el rector es uno más entre el Pacto de Corruptos. La súbita graduación de Miguel Martínez, el director del risible Centro de Gobierno, deja dudas que, desde luego, no se van a aclarar.
El país necesita una Universidad que investigue para que la reflexión identifique los horizontes del futuro. Es necesario buscar nuevas maneras de configurar el mundo social. Se necesitan profesionales e investigadores pensantes y comprometidos con el país y con sus necesidades cada vez más urgentes.
¡Ya basta de construir parqueos! ¡Enriquezcamos las bibliotecas universitarias! No podemos tener una universidad digna de tal nombre si no invertimos en el alimento del intelecto. Algunas de las actuales autoridades universitarias, me atrevo a decir, apenas han hojeado un libro sobre un tema de actualidad.
¡Los universitarios que realmente merecen este nombre deben apoyar los movimientos de protesta que les están pidiendo cuentas a las actuales autoridades de la Usac!


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