Después de un año turbulento, Brentwood, el vecindario de Kamala Harris en L.A., está menos aislado

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La constelación de vecindarios y ciudades más pequeñas que constituyen lo que los estadounidenses consideran Los Ángeles trae a la mente muchos puntos de referencia enfrentados: palmeras altísimas y descapotables relucientes, clínicas de botox y salones de tatuajes, tofu y tacos, “Gin y jugo”, además de terremotos y protestas.

Lo que no está necesariamente grabado en la imaginación es Brentwood, un exclusivo vecindario del oeste de Los Ángeles, donde reside la candidata demócrata a la vicepresidencia, Kamala Harris.

Pero esta isla privilegiada que supo tener muy bajo perfil, ya no está tan aislada como solía. En el año y medio desde que Harris lanzó su candidatura para la nominación presidencial de su partido, los problemas del país que quiere ayudar a liderar (pobreza, desigualdades raciales, cambio climático, discordia civil) están un poco más cerca de su puerta.

En Brentwood, un barrio clave para figuras del entretenimiento, los negocios y la política conviven en calles que se adentran en las empinadas colinas que bordean la franja norte de la ciudad. Muchas de las residencias parecen palacios. El césped se extiende como un jardín botánico; las personas se identifican según el cañón en el que viven.

Ciclistas y automovilistas en San Vicente Boulevard, Brentwood.

Ciclistas y automovilistas en San Vicente Boulevard, Brentwood.

(Mel Melcon / Los Angeles Times)

“Aunque Los Ángeles es una especie de metrópolis enorme y abierta, Brentwood tiene su propio ritmo”, dijo Aaron Sandler, productor del programa de televisión “Let’s Make a Deal”, que creció en la vecina Santa Mónica, asistió a la escuela Brentwood y ahora vive en el área. Mientras paseaba a su perro por una vía de incendios en lo alto de Brentwood, Sandler contempló una franja del Pacífico más allá de una seguidilla de crestas áridas: una visión impresionante del vacío en la abarrotada Los Ángeles.

Harris, la senadora junior de Estados Unidos por California, ha podido vivir tranquilamente aquí, en una casa valuada en $5 millones que comparte con su esposo, el abogado especializado en entretenimiento Doug Emhoff, en Kenter Canyon.

Ella habla con afecto sobre su infancia como hija de una madre india y un padre jamaicano en el Área de la Bahía, y su vínculo con Alpha Kappa Alpha, una hermandad negra, mientras estaba inscrita en la Universidad de Howard en Washington, D.C.

En comparación, L.A. parece un espacio en blanco en el mapa de su vida. Harris rara vez la menciona durante las apariciones en campaña. Su presencia aquí es una revelación para muchos residentes de Brentwood.

A jogger makes his way past the Brentwood Country Mart.

Un corredor pasa por el Brentwood Country Mart, un complejo comercial donde se puede ver usualmente a muchas celebridades.

(Mel Melcon / Los Angeles Times)

Mientras salían a caminar por una calle bordeada de casas y mansiones ocultas por setos, Teri Wells y Zoe Green se echaron a reír cuando supieron que Harris vive cerca. “Vaya, ¿es verdad?”, se preguntó Wells, una jubilada de 61 años que vive a dos colinas de distancia de la senadora. “Realmente no se piensa en ella como alguien de ‘Los Ángeles’. No le queda bien”.

Sin embargo, en cierto modo, Harris encaja perfectamente entre la gente de esta ciudad, una metrópolis notablemente diversa, de 12.4 millones de habitantes y llena de contradicciones.

Vivir a lo largo de este tramo de Sunset Boulevard, entre las tiendas para turistas de Hollywood al este y las playas de Santa Mónica al oeste, significa compartir las carreteras con personas como Arnold Schwarzenegger, Gwyneth Paltrow, Jim Carrey, Reese Witherspoon y Dr. Dre, todos los cuales poseen casas multimillonarias en el vecindario. Y quizá enviar a sus hijos a la misma preparatoria privada a la que el productor de Hollywood y actual secretario del Tesoro, Steven T. Mnuchin, envía a los suyos -claro, si puede pagar una matrícula anual de un mínimo de $40.000-.

Pero también implica reconciliar la inmensa riqueza de la zona con una realidad más dura.

Gino Villa in Brentwood.

Gino Villa, de 55 años, se para frente a su carpa en un campamento para veteranos militares sin hogar, sobre San Vicente Boulevard, en Brentwood. El sitio está muy cerca de algunas de las propiedades más codiciadas de Los Ángeles.

(Mel Melcon / Los Angeles Times)

Muy cerca de tiendas con banderas estadounidenses en un campamento para desamparados situado en los terrenos del hospital de veteranos, en el oeste de Los Ángeles, se encuentran algunas de las residencias más codiciadas del país, en la base de una colina donde el travertino del Getty Center brilla con el sol.

Las protestas que se extendieron por toda la ciudad después de los asesinatos de George Floyd y Breonna Taylor a manos de la policía, también han dejado su huella. Una de las caras más llamativas en las calles de Brentwood hoy, a pesar de toda su celebridad, es un retrato de la activista afroamericana Angela Davis en una franja de oficinas que fueron tapiadas para evitar daños por las marchas y los enfrentamientos entre manifestantes y autoridades. La estrella de los Lakers y campeón de la NBA LeBron James, quien también reside en Brentwood, es una de las celebridades más abiertas de la ciudad en su defensa de Black Lives Matter.

Joggers on San Vicente Boulevard in Brentwood.

Corredores se abren paso en un camellón en San Vicente Boulevard, Brentwood.

(Mel Melcon / Los Angeles Times)

La realidad de vivir en este enclave a menudo choca con su imagen de otras maneras. El vecindario fue construido a principios del siglo XX como una de las comunidades para nuevos propietarios de L.A., un distrito de ingresos mixtos pero principalmente de clase media que ofrecía tranquilidad en sus calles arboladas y ligeramente curvas, a solo unos pasos de la naturaleza agreste. Todavía existen condominios y apartamentos de menor precio, pero esa visión original es cosa del pasado. El precio medio de una vivienda en Brentwood ahora supera los $2.8 millones, según Zillow, en comparación con el promedio de la ciudad, de $765.000.

Por ello, las divisiones raciales y de clase en las calles de Brentwood lucen especialmente evidentes. Latinos, en su mayoría amas de llaves, paisajistas, trabajadores de la construcción, paseadores de perros, niñeras, trabajadores de restaurantes y peones de ranchos, acuden aquí todos los días para atender las necesidades de un barrio que es 85% blanco, en comparación con el condado de Los Ángeles, que tiene un 72% de personas de color.

Mientras tomaba un descanso y comía su ensalada en el patio del Brentwood Country Mart —un complejo de edificios rojos con forma de granero, lleno de restaurantes, boutiques y patios al aire libre donde a menudo concurren celebridades— Otis Weis dijo que las protestas contra el racismo y la brutalidad policial en las comunidades negras han hecho que los lugareños comprendan mejor las injusticias que enfrentan las personas de color y los menos pudientes. “Creo que la gente aquí ahora es más consciente de no explotar su privilegio blanco, porque es posible que se les ponga un foco de atención encima… Lo cual es bueno”, afirmó el hombre blanco de 28 años, que creció en el área y no tenía idea de que Harris vive actualmente aquí.

Fran Goodman describió a Brentwood como una sección de la ciudad “hermosa y escondida” en 1961, cuando se mudó aquí para asistir a la cercana UCLA. Ella y su esposo tuvieron que evacuar su hogar durante el devastador incendio de Bel-Air de ese año, que atravesó la recién construida autopista 405 y arrasó con Brentwood.

Mientras Goodman salía de allí caminando, según relató, se sorprendió al ver a Richard Nixon de pie en la azotea, limpiando las tejas con una manguera. El exvicepresidente que acababa de dejar el cargo había estado rentando la casa para trabajar en sus memorias.

Se sabía que otro lugareño, Ronald Reagan, cerró el tráfico de Sunset Boulevard cuando llegó su caravana presidencial. “Siempre era amigable; asomaba la cabeza y saludaba a todos”, recordó Goodman.

Customers sit outside a Starbucks coffee shop on San Vicente Blvd. in Brentwood.

Clientes en el exterior de una cafetería Starbucks, en San Vicente Boulevard, Brentwood.

(Mel Melcon/Los Angeles Times)

Goodman, de 80 años, no se preocupa por los vecinos famosos que ha tenido a lo largo de los años, ni por el hecho de que Harris vive cerca de ella ahora. “Miren, Richard Nixon vivía aquí y el señor Reagan vivía calle abajo, en Capri”, relató. “Entonces, ¿cómo me siento acerca de las celebridades o un candidato a vicepresidente que viven aquí? Estoy tranquilo con eso”.

Al igual que Goodman hace tantos años, tanto James como Harris estuvieron entre los miles de personas sometidas a órdenes de evacuación el año pasado, cuando los vientos de 50 mph llevaron el incendio conocido como Getty Fire sobre las colinas, quemando laderas y destruyendo más de una docena de casas.

Los lugareños dudan cuando piensan si su comunidad ha sacrificado las cualidades que originalmente atraían a la gente aquí. En el grupo privado de Facebook ““I miss the old Brentwood” (Echo de menos el viejo Brentwood), un residente escribió que el vecindario alguna vez fue “nuestro pequeño Mayberry atrapado silenciosamente entre Beverly Hills y Santa Mónica, al que nadie prestaba atención”, donde “todos conocían a la demás gente”.

Amici Restaurant in Brentwood.

Marco Cervoni, un camarero en el restaurante Amici, en San Vicente Boulevard, Brentwood, le lleva una copa de vino a Jon Yashari, derecha, quien cena con su esposa, Eliza, y sus dos perros, Mowgli, izquierda, mezcla de labrador retriever, y Cooper, un labrador retriever.

(Mel Melcon / Los Angeles Times)

Pero Brentwood no perdió todos sus encantos, dicen los lugareños. Wells y su amiga Green contaron que los coyotes siguen aullando en la maleza, los búhos ululan por la noche y los residentes del vecindario no están obsesionados con las apariencias. “Se puede experimentar esa gran sensación rústica, aunque se esté a unas pocas millas de la ciudad”, ejemplificó Wells.

“En Beverly Hills no se puede caminar hasta el buzón en pijama”, agregó Green, una jubilada que ha vivido aquí durante más de 30 años. “Bueno, aquí sí puedes. Solía ser hippielandia”.

Aún así, muchos residentes sienten que está habiendo un cambio a medida que el vecindario, conocido por permitir que las personas se escondan a plena vista, se convierte en otro lugar, donde aquellos que anhelan ser el centro de atención pueden ver y ser vistos.

Sandler, de 40 años, dice que los avistamientos de celebridades eran una parte normal de la vida en Brentwood cuando era niño. “Recuerdo una escena en el Country Mart: estaba almorzando; caminé por un pasillo y de repente vi a Maria Shriver y Arnold Schwarzenegger, caminando hacia mí”, comentó. “Giré a la izquierda, y me topé con Tom Hanks y Rita Wilson”.

Pero el vecindario se siente más llamativo ahora. Sandler responsabiliza por ello al juicio por asesinato a O.J. Simpson, ocurrido hace unos 25 años y de muy alto perfil. Nicole Brown Simpson y su amigo Ron Goldman fueron encontrados muertos a puñaladas en el exterior del condominio de ella, en Bundy Drive, en 1994. El caso culminó en “el juicio del siglo”, con el infame guante de otra talla. “Así es como se conoce a Brentwood, sin lugar a dudas”, dijo Sandler. Desde entonces, “todo ha cambiado”.

Mandeville Canyon in Brentwood.

Las casas, algunas de ellas de tamaño palaciego, llenan Mandeville Canyon, una sección de Brentwood donde vive la candidata demócrata a la vicepresidencia, la senadora Kamala Harris.

(Mel Melcon / Los Angeles Times)

Los turistas peregrinaban a la casa en Bundy y a la mansión de la exestrella de la NFL en Rockingham Lane, incluso después de que fue demolida. A principios de la década de 2000, cuentan los lugareños, las celebridades comenzaron a comprar mansiones en el lugar de moda inmobiliario, aparentemente sin explotar.

Santiago Arana comentó que su empresa con sede en Los Ángeles, The Agency, vendió en los últimos años casas por hasta $36 millones a compradores que ven en Brentwood la posibilidad de disfrutar de lo que los residentes anteriores apreciaban: privacidad, aire limpio y salvaje, y una sensación de vivir en un sitio más retirado de la ciudad.

Pero hay un precio no monetario que se debe pagar por vivir en Brentwood. El humo de los incendios forestales de este verano con frecuencia privó a los propietarios del aire fresco y las preciosas vistas. La neblina fue un recordatorio de que la riqueza, el estatus y el aislamiento no pueden proteger a los residentes -ni siquiera aquí- de los crecientes peligros del cambio climático que hacen que vivir en California, con todas sus glorias, sea tan complejo.

Un evento en el Getty el otoño pasado también se sintió como un presagio de la agitación por venir. La cantante de R&B Solange y el equipo de coreografía de Gerard & Kelly copresentaron el espectáculo de danza libre “Bridge-s” en la terraza del museo, con las colinas calcinadas por el incendio de Brentwood como un espeluznante telón de fondo. El público era tan notable como la vista: jóvenes de todas las razas vestidos con modas de vanguardia, algunos estampados con mensajes de orgullo étnico. Fue una representación audaz de la diversidad de Los Ángeles en una comunidad donde incluso ver a alguien que no es blanco es inusual.

La madre de Solange, Tina Knowles-Lawson, estaba a su lado mientras un grupo de danza de mestizos vestidos de tonos naranja otoñal se apoyaban unos en otros y construían pirámides humanas coronadas por trompetistas. En un momento, los espectadores comenzaron a murmurar y señalar con el dedo hacia un balcón del segundo nivel: allí asomaba Beyoncé, la hermana mayor de Solange, quien vive cerca, en Bel-Air, junto con Jay-Z y sus tres hijos.
La atención se centró rápidamente en los bailarines. La actuación tuvo que ver con la cohesión del grupo y la interconexión de los individuos en la sociedad, un tema que Harris también tocaría durante su discurso en la Convención Nacional Demócrata, en agosto pasado. En el marco del evento, la candidata habló de su “visión de nuestra nación como una comunidad amada […], un país donde nos cuidamos unos a otros, donde nos levantamos y caemos como una unidad”.

R&B singer Solange, wearing sunglasses toward the left, watches a dance performance at the Getty Center.

La cantante de R&B Solange, con gafas de sol hacia la izquierda, observa cómo un grupo de baile y músicos interpretan una pieza con su música, en la terraza del Getty Center en Brentwood, en el otoño de 2019.

(Tyrone Beason / Los Angeles Times)

Cerca del final del espectáculo, los bailarines hablaron unos sobre otros mientras recitaban la misma línea: “La casa construida podría derrumbarse en cualquier momento”. Repitieron esas palabras una y otra vez, como si de alguna manera hubieran visto el futuro del país y estuvieran transmitiendo una advertencia: pronto, una pandemia, la incertidumbre económica, el conflicto social y la división política amenazarían con deshacer los lazos que unen a los ciudadanos de la nación.

La “casa” a la que se referían los bailarines nunca fue identificada explícitamente. Podrían estar hablando de las costosas propiedades aferradas a las laderas ennegrecidas, en el vecindario de Harris a la distancia, o quizá era una referencia al propio Estados Unidos.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

Via : LA Times


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