El dominio de los rudos

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Debe reconocerse que en los últimos tiempos los rudos, o sea los abusadores, inescrupulosos y groseros, se han convertido en los grandes protagonistas y dominadores del escenario nacional, en el cual se ha venido dando rienda suelta a la inmoralidad y la amoralidad.

Los rudos actúan con absoluto menosprecio de la dignidad humana, del derecho ajeno, del régimen de legalidad, así como de los valores y principios de respeto, decencia y convivencia pacífica. Los rudos imponen su derecho, despojan y suprimen o invisibilizan al otro.

Por supuesto, la falta de acceso a la justicia, la denegación de justicia, la indefensión, la justicia selectiva, el abuso de poder, el vacío de autoridad y la injusticia de la justicia son incentivos perversos para que los rudos prevalezcan, a base de la fuerza e intolerancia, de intimidar y atemorizar, así como de descalificar, castigar y destruir a quien se oponga a sus designios.

Empero, los rudos no solo son los mafiosos que dan pábulo a la economía brutal, que surge y prospera a costa de los negocios ilícitos y clandestinos, como el narcotráfico, el contrabando, el lavado, el tráfico de armas, el secuestro, la corrupción estatal, la extorsión, el robo de vehículos y la trata de personas, entre otros, sino que también son aquellos abusadores que, en ejercicio de cargos públicos o desde posiciones de poder o influencia (incluso desde el extranjero), ordenan, fraguan, simulan o permiten cualquier acto arbitrario, opresivo, extorsivo, despótico o ilegal, en perjuicio de derechos e intereses legítimos, que debieran estar protegidos.

Por tanto, no debe sorprendernos que los rudos siempre estén al acecho de ocupar o cooptar cargos públicos, para que, a través de ellos, se consumen o encubran despojos o enriquecimientos ilícitos, se otorguen privilegios y ventajas, se promuevan persecuciones penales venales, políticas o vengativas, se articulen clientelas políticas, se gesten manipulaciones político electorales, así como para garantizarse impunidad.

De ahí la importancia para los rudos de asegurarse posiciones en las instituciones del sector justicia (Corte de Constitucionalidad, Organismo Judicial, Ministerio Público, Instituto de la Defensa Pública Penal, Instituto Nacional de Ciencias Forenses, Sistema Penitenciario y Policía Nacional Civil), así como en los órganos de control y fiscalización del Estado (Contraloría General de Cuentas, Superintendencia de Administración Tributaria, Congreso, Tribunal Supremo Electoral).

Sin embargo, lo más trágico de la usurpación del poder por los rudos es que paulatinamente todos los estratos sociales se han ido contaminando con el virus de la inmoralidad y la amoralidad. Los niños y jóvenes comienzan a ver normal lo canallesco, el relativismo moral, el nihilismo, lo injusto, la maldad, la degeneración y la perversión, así como a dejar de aquilatar los valores, las virtudes y los principios, la vida forjada en el mérito y el esfuerzo, la competencia leal, la dignidad humana y la observancia de la ley.

En mi opinión, estamos en un punto de inflexión en que nos resignamos a seguir sometidos a la hegemonía de los rudos, o los adversamos con la autoridad moral que otorga la ley justa y legítima. Sin duda, el gremio de los rudos es un enemigo formidable, pero no infalible. Por supuesto, la guerra contra el dominio de los rudos requiere carácter, coraje, sacrificio, espíritu de lucha y, sobre todo, que esta generación asuma el papel activo, participativo y protagónico que requiere este crucial momento de la historia patria en que están en jaque la libertad y el Derecho.


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