Nos gobiernan elites criminales

Comparte

¿Qué ocurre en la sociedad cuando sus elites políticas y económicas mantienen poder e influencia, pero son incapaces de abrir un horizonte? La primera consecuencia es la salida, la búsqueda de la vida en otra parte. Uno de cada cinco guatemaltecos ha encontrado la vida en otra parte.

El segundo efecto suele ser la anomia social, el aislamiento, la desorganización y la desconfianza. La anomia es una falsa salida; refuerza el horizonte cerrado. El tercer impacto es la resistencia a las elites que corrompieron su misión, aunque esa resistencia suele ser minoritaria y marginal, por tanto, fatigosa y abundante en la cosecha de frustraciones. Hasta que las elites políticas y económicas pierden las formas, porque ellas mismas se perdieron. Elites fariseas.

La sociedad de estas elites con facciones criminales no surge a partir de 2017 con el Pacto de Corruptos. Tiene raíces fincadas durante las últimas dos décadas y se fertilizan con el dinero ilícito que inocula –cada vez más desproporcionadamente– las campañas electorales y los negocios formales: blanqueo del dinero mediante operaciones financieras, proyectos inmobiliarios, comercio de importación y exportación, e inscripción y gerencia de empresas agroindustriales, entre otras. 

Las elites políticas y económicas dieron carta de ciudadanía a las organizaciones criminales. La UCN no es el único narco-partido, ni el paisaje de las abundantes firmas de contratistas de obra pública que agota el universo de narco-empresas. Los intereses compartidos de las elites –a las que seguimos llamando así, inapropiadamente– con el crimen son tan intrincados que el eventual divorcio que demandará ahora Washington bajo dominio demócrata, no será sencillo.

Nos gobiernan elites criminales. El proyecto criminal es incompatible con el Estado de Derecho y las libertades democráticas. Coquetea muy bien sin embargo con regímenes dictatoriales y populistas, sean de izquierda o de derecha. Por eso, impedir que capturen la Corte de Constitucionalidad, en este febrero, es vital para mantener el hilo del Estado de Derecho y la democracia. La esperanza. 

Arribamos a una batalla decisiva en la cual la resistencia de elites civiles –marginales, fatigadas, frustradas– se organiza y manifiesta, como mejor pueden, para impedir el asalto. Las elites de los pueblos indígenas no se pueden sumar automáticamente a la defensa de un Estado de Derecho en cuyo diseño no participaron y al que rara vez tienen acceso. Por esa razón lanzan su propia propuesta de rediseño del Estado y sus principales normas.

La resistencia civil frente a las elites criminales necesita a las elites políticas, económicas, intelectuales y burocráticas dignas, que no quieren vivir en el oprobio y sin libertades. Necesita a las elites de los pueblos indígenas arraigadas, con capacidad de movilización y propuesta de otro horizonte. Y está obligada a organizar el relevo generacional.


Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *