OPINIÓN: En Nuestras Manos

OPINIÓN: En Nuestras Manos

Por Luis Vallejo – La ciudadanía puede mitigar muchos problemas si se organiza debidamente. Uno de ellos es el transporte generalmente desorganizado de un punto a otro que se vuelve un verdadero maremágnum todos los días. Y no es porque no haya, sino porque no sabemos utilizarlo. La solución, poco original, de aumentar el transporte colectivo no es del todo satisfactoria. Esa histeria colectiva que se arma en las horas pico se seguirá generando y, probablemente agudizando, pues solo aumentará el volumen del parqué vehicular, sin solucionar la necesidad.

Como en sociedades mejor organizadas, hay procedimientos que podrían ser de beneficio mutuo en un gana/gana entre el que necesita el transportarse y el que lo tiene.

Es cierto, como lo señalan las autoridades, que en un alto porcentaje de  carros solo va el piloto. Y probablemente sea una persona que llega a una hora determinada a su trabajo todos los días y, por lo tanto, tiene un recorrido permanente. Es posible, por consiguiente, que se puedan organizar grupos en un solo vehículo, con lo cual se lograrían muchas cosas: los necesitados tendrían mayor seguridad, tanto del traslado como de su persona; puede recogérseles más cerca de su casa; comparte agradables charlas de viaje, en vez de andar corre que corre en cada esquina para irse apretujado y medio agarrado en la carcacha destartalada que logra agarrar. En los casos que tiene que transbordar y tomar doble transporte, buscará la forma de evitarlo. El dueño del transporte logra un pequeño ingreso que no tiene y que, a como están los tiempos,  de algo le sirve para el gasto permanente de gasolina o para repararle algo al vehículo.

Beneficios parecidos podrían obtener los taxistas de todo tipo si iniciaran y culminaran sus jornadas organizando personas necesitadas, de esta manera, de transporte permanente.

Anúnciese –poniendo su teléfono en el vidrio delantero para que le llamen, por ejemplo-, invite y organice su grupo para compartir y satisfacer sus necesidades de la vida cotidiana del trabajo. De esta manera es posible ralentizar el tráfico y satisfacer necesidades mutuas.

Esta idea, no sería extraño que no les gustara a los dueños de los transportes tanto urbano como intermunicipal. Pero, en todo caso, priva la necesidad social por encima del negocio y si ellos no son capaces de satisfacer esta tremenda demanda, la población tiene todo el derecho de buscar las maneras de satisfacer esa necesidad continua, permanente y obligada.

 

Por cierto, le evitará el stress y mejorará, sin duda, su salud mental.