OPINIÓN: La Lotería Electorera

OPINIÓN: La Lotería Electorera

Las próximas elecciones se parecen a la lotería mexicana que se juega en nuestras fiestas de pueblo. Los que manejan la lotería y las elecciones ponen las condiciones.

Usted escoge, no elije, específicamente, lo que va cantando el gritón. Nada de que le gusta la bandera, el mundo, la rosa o el sol. Estamos como el camarón que se lo lleva la corriente o como el pez que por algo comer, de baboso, lo hacemos pescado. Además, aunque todas las familias politiqueras quieren jugar a cartón lleno para sacarse el mejor regalo: la presidencia, ahí solo gana uno que es el que parte y reparte, llevándose la mejor parte.

Los 27 partidos, diz que políticos, se deben de conformar con una línea, a la cual van a aspirar a lograr diputaciones y alcaldías según sus cartones, de los cuales usted va a reconocer sus figuras: están los catrines, los cotorros y los borrachos, que les gusta el barril, la botella y el cántaro, pues se pasan en demagogia y cinismo los períodos; los valientes como gallos, el soldado con botas, tambor,  muerte y  calavera que nos recuerdan crímenes pasados y que tienen de puntal a la sirena, que se diferencia de la araña que juega con el alacrán, el nopal, para, de gorrito, comerse el melón y la sandía. Esperaríamos que, al menos, existiera la mano de una dama que nos brinde, de corazón, una estrella, utilizando con calidad la maceta.

En la Lotería Electorera el juego no termina. Luego se reúnen con sus regalitos para organizar en el Concejo Municipal o el  Legislativo el Pacto de Corruptos y repartirse contratos, plazas, incluyendo las fantasmas, e incluir toda la parentela y los amigotes y amiguitas de la banda, sobretodo, los que tuvieron que aportar, al menos, su milloncito, para garantizarse la curul congresil o la apetitosa alcaldía. Esta es la triste historia de nuestra “política” que, por un momento, está en nuestras manos el día de ir a votar y poder echarlos, de una vez por todas y continuar la épica lucha contra la corrupción para que el presupuesto llegue a nuestros niños hambrientos que terminan descerebrados, producto de la inmoralidad de estos criminales.