OPINIÓN: EL ABUSO DE LOS TRANSPORTISTAS

OPINIÓN: EL ABUSO DE LOS TRANSPORTISTAS

La libre locomoción es un derecho superior al derecho de protesta, cuando este último afecta sensiblemente a la mayoría. Nadie puede abrogarse el abuso de parar el tránsito cotidiano afectando a miles de guatemaltecos para hacer cumplir sus demandas.

Viene al caso, porque una de las tres vías más importantes de ingreso a la Ciudad Capital, como lo es la Calzada Roosevelt, se volvió un verdadero pandemónium este martes 26, cuando los pilotos del transporte extraurbano -exigiendo que los dejen circular por donde a ellos les da la gana y que les “quiten” las multas (¿)-, decidieron bloquear el tránsito, atravesando abusivamente sus automotores, que, como la entrada del Atlántico y de El Salvador, tienen una alta circulación vehicular.

Como en esta oportunidad, sujetos como éstos, que pululan en todo el país, de pensamiento anarquista, prepotente e, incluso, criminal, actúan fuera de la adecuada convivencia social, causándole un daño irreparable –pues ese tiempo nadie lo va a reponer- a trabajadores, estudiantes, comerciantes, personal de salud y todo aquel que urge hacer alguna gestión, mostrando un claro delito in fraganti. Y ya se les conoce su cantaleta: “disculpe, es la única forma en que nos hacemos escuchar”, cuando lo que están haciendo, de hecho, es mancillar, agredir, obstruir nuestra movilidad, en donde no hay disculpa que valga. Y cuando usted quiere explicarles su urgencia, se hacen los bobos y siguen actuando igual. ¿Debemos aceptarles la disculpa si la obstrucción se mantiene y el delito lo están cometiendo de manera continuada?

Muchos no terminamos de comprender la actitud de las autoridades. Llegan, ordinariamente, tarde al conflicto y en vez de tomar medidas inmediatas e indicarles que dialogarán si y solo si, primero, quitan los obstáculos y, de no hacerlo utilizarán la fuerza pública, se ponen a charlar tranquilamente ante la interminable fila de vehículos como si nada pasara, con un pelotón de policías a la par que, como muñecos de yeso, solo están de fachada. Los derechos humanos de libre locomoción les están siendo atropellados a los ciudadanos afectados, mientras los obstructores están delinquiendo.

Cuando las autoridades, en resguardo de los “derechos” de los delincuentes, le dan primacía a éstos en vez de defender los derechos de los ofendidos, esas autoridades están actuando incorrectamente al no solventar la obstrucción de aquellos a quienes se está dañando. Si alguien está obstruyendo la locomoción, en ese momento y en ese lugar, las autoridades tienen la obligación, en forma firme y efectiva, de abrir la vía.

A la par de este abuso directo, debemos soportar diariamente que cobren por sus pésimos y sucios servicios lo que a ellos les parece; que bajen y suban los pasajeros a media calle y en donde les da la gana y que serpenteen sus carcachas por toda la vía poniendo en riesgo  a medio mundo.

Todas las personas que van a sus actividades diarias exigimos a las autoridades que cambien de actitud, poniendo a estos maleducados en su lugar. Si no seguiremos pensando, pues los hechos lo demuestran, que los policías no sirven para cuidar del ciudadano común y corriente, sino de los delincuentes que en uso ilegal de protesta, imponen su abusiva conducta.