OPINIÓN: LO IMPORTANTE ES LA ESTRATEGIA

OPINIÓN: LO IMPORTANTE ES LA ESTRATEGIA

“Los “partidos” solo han elaborado afiebrados y superficiales programas electorales que, al llegar al poder los archivan y se dedican a actuar en función de sus obscuros intereses”… “Solo existe una estrategia que remedie nuestros males: la lucha contra la corrupción.”

Nuestros doctos analistas políticos se han esmerado a través de los medios y, sobretodo, en los paneles abiertos, en inquirir de los “partidos políticos” un planteamiento programático a aplicar, de llegar al poder. Teóricamente, tienen razón. Es correcto y básico en países que han alcanzado una democracia madura, que tienen políticos de carrera, partidos sólidos en su filosofía, ideales, principios y su visión y misión de lo que pretenden hacer.

Pero Guatemala no es el caso. Lo más significativo en nuestra historia fueron los gobiernos liberales de finales del siglo XIX, los diez años devenidos de la revolución de octubre y, con algún significado -que se deterioró en el ejercicio del gobierno-, los democratacristianos. El resto de miembros de los “partidos” solo han elaborado afiebrados y superficiales programas electorales que, al llegar al poder los archivan y se dedican a actuar en función de sus obscuros intereses patrimonialistas. Tanto tienes, tanto vales. La presidencia, las diputaciones y las alcaldías tienen precio, no valor patriótico. Por lo tanto, el objetivo ha sido reponer la inversión asignándose salarios, prebendas, dietas y transar lo más que se pueda. Es visualizado, pues, como un negocio, sin importar las carencias y necesidades de la población.

El enfoque de los analistas cuando sugieren programas, tiene el serio problema que parten de una Guatemala imaginaria, soñada, estática, lista sólo para aplicar el programa ofrecido. Y eso no es cierto. Durante largas décadas los políticos oportunistas e inmorales han corrompido, expoliado y explotado para sus propios intereses esta patria amada. Los déficit vergonzosos en educación, salud e infraestructura nos la muestran al límite del colapso. Y esto ha pasado de ser un pésimo e inmoral ejercicio pedagógico, a convertirse en una conducta establecida a través del tiempo. Es decir, nuestro quehacer político está corrompido, tiene un cáncer que se recicla cada cuatro años.

Nuestro país es como una gran empresa deteriorada, atrasada, oxidada, con un presupuesto sobrecargado de personal ineficiente que solo le interesa cobrar cada fin de mes; con un aparato judicial al servicio de sus intereses, cooptado desde las comisiones de postulación y determinado por los tránsfugas del legislativo. Esos jueces y magistrados hoy están en la hora de pagar, redituando el haberlos puesto allí. Hoy, los personajes sombríos con veneno ponzoñoso se encargan de desacreditar a quienes quieren que el país se enderece y los net center anónimos y obscuros se encargan de regenerar la filosofía política de Goebbels, el Ministro de Propaganda de Hitler, quien aplicó el perverso principio que al repetir una mentira cien veces, el pueblo la termina creyendo, como efectivamente sucedió en la Alemania nazifacista.

Comprendamos, entonces, cómo está el escenario político en ciernes: en el poder quienes han degenerado el quehacer político, convirtiéndolo en su patrimonio para utilizarlo lo más posible; los que sin ser políticos “trabajan” en algún puesto del gobierno y que incluye el respaldo y voto de sus familiares y amigos: los magistrados nombrados desde el Congreso y que hoy, cumpliendo tareas venales de leguleyos, tratarán de evitar a toda costa la participación de gente honesta; los “empresarios” de la construcción, la comida y los regalos que practican el financiamiento ilícito para recuperarse cuando les asignen negocios quienes lleguen al poder; los sindicatos parias que exprimen con sus pactos colectivos el erario nacional y, desgraciadamente,  un grupo significativo de guatemaltecos fáciles de convencer a través de la palabra mañosa, pícara y retorcida.

En la oposición la gente decente, donde se encuentran los guatemaltecos honestos que se levantan de madrugada para ganar el pan diario; los maestros avergonzados de los pésimos índices educativos, los medios amenazados pero desenmascarando diariamente la impunidad; los organismos Internacionales y la mayoría de países desarrollados que tienen muy claro el panorama, los funcionarios públicos respetables, los agricultores que venden sus productos a precios ínfimos o se les pudre por falta de carreteras; las mujeres en la situación más lamentable, sobrexplotadas en la casa y el trabajo y, peor aún, si son indígenas y cuasi analfabetas, y la enorme población desocupada por la total ausencia de políticas de empleo. Este sector carece de los medios económicos para confrontar y desenmascarar a nuestros explotadores, por eso hacer conciencia personal de boca en boca será nuestra forma de lucha. Apenas contamos con algunas figuras públicas del pasado inmediato, como la Fiscal General que nos abrió los ojos, la Ministra de Salud, el Superintendente de la SAT y otras figuras limpias que son nuestras cartas a jugar, si queremos enderezar el camino de nuestra Patria.

 

Por estas razones, solo existe una estrategia que remedie nuestros males: la lucha contra la corrupción. Si antes no se limpian los tres organismos podridos de nuestra República y todo ese caudal de gasto se invierte en lo que se necesita: educación, salud e infraestructura, no saldremos de esta caótica situación. Y el día de las elecciones, en sus manos está la solución.