OPINIÓN: EL QUEHACER POLÍTICO

No pueden estarnos conduciendo a un país de mudos, en donde temamos expresar opinión y a ser escuchados.

El ser humano es un ser político desde que paso del salvajismo de las hordas a la organización de las tribus. Ya en los Estados griegos, Aristóteles define al ciudadano como un animal político, hecho consubstancial universal de la convivencia humana, para luego organizar  principios de legalidad que da lugar al ejercicio del derecho que dirimen los abogados.

Y ahí hay un problema irresoluble. Dado que las Leyes están escritas, elaboradas por conocedores del derecho, no es extraño encontrar opiniones diferentes en la interpretación de las mismas. Aunque exagerando, aquello de que entre cien abogados hay cien opiniones diferentes no está tan fuera de la realidad. Por eso se cuestiona si el derecho es una ciencia o, realmente, es un conjunto de normas históricamente acomodadas a conveniencia e interpretación de la sociedad que las practica. Nuestro país es pletórico, por ejemplo, de golpes de Estado que ha sufrido, con anuencia y contubernio de abogados, que no les ha temblado la mano para habilitar a más de un General.

Viene al caso, porque los abogados y abogadas del Tribunal Supremo Electoral se han tomado como propio el quehacer político de los ciudadanos guatemaltecos, desde el momento que imponen normas de conducta en las acciones políticas, limitando y “coordinando” lo que debe o no hacerse en un evento de trascendencia política como lo son las elecciones. Se olvidan que lo que deben procurar es que todos los ciudadanos tengan la libertad y no la limitación de opinar, dirimir, discurrir y discutir los diferentes aspectos y temáticas que surgen del quehacer político. Y si bien, aún tenemos el derecho de ejercerlo ciudadanos comunes y corrientes, les cargan la mano a aquellos que se muestran interesados en administrar el País, en gobernar el Estado.

El hecho que tengamos tanta gente oportunista e inmoral en nuestra actual vida política, no implica que limitando la práctica política se van a corregir las cosas. Todo lo contrario. Se debe permitir que todo aquel que tiene ideas que permitan salir de la podredumbre que vivimos actualmente, las expresen, las conozcamos, para saber precisamente, por quién votar.

No pueden estarnos conduciendo a un país de mudos, en donde temamos expresar opinión y a ser escuchados. La mayoría de ciudadanos tienen inteligencia, capacidad de raciocinio que les permite tomar la mejor decisión al momento de elegir, si han tenido la oportunidad de escuchar las diferentes opciones y, sobretodo, si han visto en la práctica concreta a más de alguno o alguna de las aspirantes que en su quehacer cotidiano, en su trabajo, ha demostrado honradez, idoneidad y confianza o, todo lo contrario, oportunismo, abuso, populismo y astucia malintencionada.

Luis Vallejo

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