El Barça rompe el mito y fulmina al Manchester

El Barça rompe el mito y fulmina al Manchester

Los cuartos de final de la Champions League continuaron con el duelo entre el Barça  y Manchester United en Old Trafford.

El Barcelona conquistó por primera vez el Teatro de los Sueños en el mejor momento posible. La quinta fue la vencida para un equipo que acaricia las semifinales de la Champions League, algo que había olvidado después de caer las tres últimas ediciones en los cuartos de final, gracias a un autogol de Shaw.

Era el minuto 11, Messi recibe un balón en el área centra y cabecea Luis Suárez hacia Coutinho, que estaba solo en el segundo palo.

El defensa inglés, en vez de detener el esférico, desvió hacia su portería un cabezazo de Luis Suárez que buscaba a Coutinho en el segundo palo.

En el trayecto, el balón toca en el hombro de Shaw y acaba entrando en la portería de De Gea.

Suárez llevaba desde septiembre de 2015 sin marcar fuera de casa en la Champions, 16 partidos, y marcó como también marcan los delanteros que caminan determinados hacia el título, rompiendo porque sí cualquier maleficio; fue una lástima que finalmente el gol le fuera atribuido, en un exceso de celo y en propia puerta, a Shaw.

 

El Barça empezó marcando que es como empiezan los equipos que quieren ganar la Champions en partidos tan cruciales como el de ayer. 

El camino hacia el triplete de los de Valverde superó con una superioridad insultante la prueba de Old Trafford. Es verdad que el Manchester consiguió remontar al PSG en París, pero al Barça esto no se le escapa.

 

Ahora podemos decir que el Old Trafford y su maleficio solo era un mito, mito roto por un local.

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Toda la temporada, toda, era el rodeo que Valverde había dado para llegar en condiciones al partido de ayer.

La noche no pudo empezar mejor, para todos menos para Busquets, con muchas más imprecisiones de las que suele.

El fantasma de Roma se desvanecía y volvía el de las dos finales que le ganamos a los ingleses, todavía con Pep y Sir Alex en los banquillos.

El Barça se calmó tras el gol y el United concretó su necesidad arriesgando con una presión muy alta.

Mordían los locales, el Barça perdía algo de control del partido y tenía más dificultades de las que le gustan para salir con el balón controlado, pero no se volvía loco con ataques precipitados.

Poco fino, como decíamos Busquets, y también Rakitic, que jugaba su quincuagésimo partido en la Champions con el Barça. Poco cómodos los de Valverde con el balón, lo que no dejaba de ser novedoso.

Poca confianza. Pero mucha paciencia, en cambio, para esperar su momento replegándose sin sufrir demasiado, muy atento y concentrado. De todos modos, algunas pérdidas de balón no forzadas abrían algunos interrogantes. Busquets parecía como poseído por un cuerpo extraño: no era él.

El United se esforzaba sin premio y el Barça fallaba sin castigo. Aunque el signo de la noche era evidentemente culé, porque marcar en Old Trafford es un título en sí mismo, y una parte muy importante de la eliminatoria.

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Partido feo pero tranquilo, De Gea salvó el segundo de Coutinho: el gafe es gafe hasta cuando chuta bien y hace lucir al arquero.

La tensión de la eliminatoria se diluía en el sopor y sólo Busquets le daba emoción con sus pérdidas inconcebibles o jugándose la segunda amarilla con entradas que no venían a qué.

Sergio era el mayor peligro que amenazaba al Barça, algo dormido hasta permitir un remate de Dalot que no entró no porque estuviera bien defendido, que no lo estuvo, sino porque fue muy defectuoso.

Un dato al final de la primera mitad: sólo en una ocasión Messi y Suárez conectaron, y fue gol.

Es un buen resumen de lo que llevábamos de noche: el partido no estaba para muchas intervenciones de Messi, sino para pocas y decisivas.

El Barça volvió serio y tranquilo del descanso, incomodando al United cediéndole la posesión y esperándolo.

Era un planteamiento inteligente, pero cobarde, como Valverde. La cobardía y la inteligencia siempre van juntas pero la proporción tiene que ser la adecuada para que la inteligencia pueda ser fértil y no sólo un escondite.

El año pasado en Roma, el técnico azulgrana hundió al equipo con su vivir reactivo. Ayer en Old Trafford se hacía difícil saber, al principio de la segunda mitad, si el Barça tenía más miedo de que le marcaran el empate o de conseguir el segundo. La cara de angustia de don Ernesto en el banquillo, como si sufriera un estreñimiento de hace días y le estuvieran administrando una lavativa, era la viva imagen de su carácter y de lo que llegan a sufrir las personas que le tienen miedo a la vida y que aún no han entendido la alegría propositiva.

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No era el día más fino de los azulgrana, ni el más brillante, pese a la importancia de la victoria que se estaba trabajando. Llegó a ser hasta graciosa la cantidad de balones perdidos. Costaba de aceptar, pero el Barça era un equipo mediocre con la pelota. Eso sí, monumental partido de Piqué; que puso orden en el desorden fallón de su equipo. En el 64, Semedo le filtró una asistencia de fantasía a Suárez que remató a lo bruto sin hallar portería. Coutinho, gafe como siempre, pero que no hizo un mal partido, y Arthur, fueron sustituidos por Arturo Vidal y Sergi Roberto. Alba chutó mejor que Suárez pero De Gea estuvo aún mejor en el rechace.

El Barça se cerró bien atrás y el United, que no es un equipo técnicamente dotado para los ataques en los espacios reducidos, no había rematado en el minuto 82 ni una sola vez a puerta. Lo poco que tuvo lo desbarató Piqué con una gran autoridad. Primera vez en su historia que el Barça ganaba en Old Trafford, camino de las semifinales.

Las alineaciones fueron las siguientes:

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