OPINIÓN: ¿Por qué…? Una explicación de mi opinión

Una clara exposición de la argumentativa del Por que de la opinión de Luis E. Perez E., a un par de días de la segunda vuelta de las elecciones a Presidente.

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OPINIÓN: ¿Por qué...? Una explicación de mi opinión

¿Por qué no pido una repetición de las elecciones? Por que no hay fundamento legal para tal repetición. No lo hay, ni en la Constitución Política de la República, ni en la Ley Electoral de Partidos Políticos.

La ilegalidad no debe ser corregida con una nueva ilegalidad. Debe repetirse el cómputo de votos, con base en las actas de las juntas electorales; pero no las elecciones. Esas actas son la fuente original de los datos, aprobados por los fiscales de los partidos políticos. Por supuesto, admiro ese romanticismo de pedir la repetición de las elecciones, y me conmueve la buena intención de quienes la piden. Me impresiona su obstinación; pero no me persuade su argumentación. Y a veces me molesta su griterío emocional, adversario de una sensata actitud racional.

¿Por qué pido, a quienes no desean que Sandra Torres sea el próximo Presidente de la República, no abstenerse de votar, ni anular el voto, ni votar “en blanco”? Porque se incrementaría la probabilidad de triunfo de Sandra Tores. Ciertamente, las encuestas sobre intención de voto sugieren que triunfará Alejandro Giammattei. Lo sugieren, no porque sean predictivas, sino porque las más confiables han sido realizadas durante días muy recientes, y es improbable que, entre esos días y el día de la nueva elección, haya un cambio profundo de intención de voto. Y en la confianza puede residir el peligro.

¿Por qué no creo que votar válidamente en la nueva elección presidencial sea conferirle legitimidad al fraude presuntamente cometido en las elecciones generales del pasado 16 de junio? Porque no hay relación lógica, ni matemática, ni física, ni biológica, ni psicológica, ni antropológica, ni sociológica, ni teológica, ni metafísica, entre votar en la nueva elección y conferirle o no conferirle legitimidad al presunto fraude cometido el pasado 16 de junio. El fraude, si lo hubo, evidentemente está consumado; o bien puede ser eliminado mediante un nuevo cómputo con base en las ya mencionadas actas de las juntas electorales. El hecho es que hay dos contendientes, y uno de ellos necesariamente tiene que ser el próximo Presidente de la República, y si fácticamente es así, entonces ese próximo presidente no debe ser, y nunca debe ser, y no tendría que ser, Sandra Torres.

¿Por qué creo yo que no hay que abstenerse de votar, o anular el voto, o votar “en blanco”, aunque tal conducta contribuya al triunfo de Sandra Torres? Porque en ningún sentido el costo de esa conducta electoral debe ser ese triunfo. La proporción entre costo y beneficio sería absurdo. O más precisamente, no habría ningún beneficio, sino únicamente un costo: el costo infinito de que el Presidente de la República, el representante de la unidad nacional, y el comandante general del Ejército de Guatemala, sea Sandra Torres. Y me parece imprudente que, por vengarnos del presunto fraude electoral, ella sea Presidente de la República.

¿Por qué creo yo que Alejandro Giammattei debe ser el próximo Presidente de la República, y no Sandra Torresl? No porque él será el presidente ideal; aquel con el que ha soñado Guatemala durante su historia. Por supuesto, no creo que lo sea, aunque desearía que lo fuera. Únicamente creo que nos brinda la oportunidad de votar en contra de un candidato mil veces peor: Sandra Torres. Si ella es un veneno tan impiadoso como la toxina botulínica, él es por lo menos un veneno más piadoso como la cicuta, aquella que bebió Sócrates por sentencia judicial.

¿Por qué creo yo que hay que votar contra Sandra Torres, aunque se cometa un nuevo fraude electoral, o se intente cometerlo, el próximo 11 de agosto? Porque votar en contra de Sandra Torres dificultará y hasta imposibilitará que tal fraude sea consumado. Puede dificultarlo o imposibilarlo porque el número de votos que tendrían que ser alterados sería mayor, y porque un mayor número de votos en contra de ella brindarían un fundamento legal más eficaz para denunciar el fraude y pedir un nuevo cómputo de datos, con el testimonio, por ejemplo, de probos ciudadanos.

¿Por qué creo yo que no es lo mismo que Sandra Torres sea o no sea Presidente de la República, si ya tiene por lo menos una tercera parte del número total de diputados? Porque esa proporción de diputados no es ni aun mayoría relativa de diputados. Adicionalmente, no es lo mismo que ella tenga una tercera parte del número total de diputados, y también tenga el poder presidencial. Precisamente creo lo opuesto: si ya tiene un importante poder legislativo, no debe tener también el poder presidencial. Y si, como lo solicitará el Ministerio Público, el partido Unidad Nacional de la Esperanza, es cancelado por cuantioso financiamiento ilícito en la campaña electoral anterior, Sandra Torres quizá todos o la mayoría de sus diputados se subleven y se independicen.

Post scriptum. En suma: es absolutamente, y no relativamente, beneficioso para nuestro país, votar en contra de Sandra Torres, y derrotarla. Y ya derrotada, y perdido su derecho de antejuicio, debe ser sometida a procedimiento penal, y condenada por cuantioso financiamiento electoral ilícito. Y si elude el procedimiento penal, debe ser declarada fugitiva.

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