OPINIÓN: Mis diez mandamientos en esta nueva elección presidencial

Todos nos deberíamos de regir por un conjunto de reglas. En la columna LOGOS, Luis E. Pérez esboza su decálogo que regirá su decisión hoy cuando hay que ir a votar.

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COLUMNA
LOGOS:

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En esta nueva elección presidencial del 11 de agosto, en la que compiten Sandra Torres y Alejandro Giammattei, he adoptado diez mandamientos.

He convocado a mi propia familia, y a algunos de mis más antiguos amigos, para compartir esos mandamientos. Mi propósito no ha sido persuadir, sino solamente exponer; ni recomendar, sino solamente comunicar.

Con ese mismo propósito, comparto esos mandamientos con mis amigos de Facebook, incluidos, por supuesto, aquellos amigos que disienten, y cuyo disenso es, naturalmente, respetable.

Primero. Votaré contra Sandra Torres, aunque haya sido cometido un fraude electoral. El fraude no me impedirá votar contra ella.

Segundo. Votaré contra Sandra Torres, aunque pueda cometerse un fraude electoral en este nueva elección. Ese temido fraude no me impedirá votar contra ella.

Tercero. Votaré contra Sandra Torres, aunque su contendiente, Alejandro Giammattei, no sea el candidato que yo hubiera pretendido elegir. Creo que es mejor elegir una de las opciones y no renunciar a ambas. Y esa opción es Giammattei.

Cuarto. Votaré contra Sandra Torres, aunque fuera preferible repetir el proceso electoral. Empero, tal repetición es ya imposible.

Quinto. Votaré contra Sandra Torres, aunque crea que será derrotada. Su derrota debe ser de magnitud tal que contribuya a su decadencia política.

Sexto. Votaré contra Sandra Torres, aunque no tenga certeza de que Alejandro Giammattei es mejor moralmente que ella. Empero, en ella la inmoralidad es una realidad, y en él es una posibilidad, y por consiguiente, puede no ocurrir.

Séptimo. Votaré contra Sandra Torres, aunque nadie más vote contra ella. Mi solitaria convicción debe prevalecer sobre una colectiva preferencia que pretendiera ser tácita imposición.

Octavo. Votaré contra Sandra Torres, aunque ella se hincara llorosa para rogarle al pueblo que vote por ella y pregone que odia el socialismo. Jamás creería que su llanto es auténtico, y que su ruego es sincero, y que su pregonar es verdadero.

Noveno. Votaré contra Sandra Torres, aunque ella tuviera la más cuantiosa probabilidad de triunfar. Mi consciencia moral sería más importante que su triunfo.

Décimo. Votaré contra Sandra Torres aunque sobre mí caigan montañas, o aunque me ahoguen los océanos. Y no digo que desobedecería al Supremo Creador si me ordenara votar por ella; pues jamás podría ordenarme un acto tan absurdo.

Post scriptum. “Dixi et salvavi animam meam” o “He dicho y salvado mi alma.”

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