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OPINIÓN: El mandamiento bíblico es “No asesinarás”

La fórmula “No matarás” y la fòrmula “No cometerás homicidio” son igualmente absurdas, porque presuponen que un ser humano siempre puede evitar provocar la muerte de otro ser humano. Sin embargo, puede provocar esa muerte accidentalmente, es decir, no podía evitarla. Empero, el ser humano siempre puede evitar el asesinato.

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OPINIÓN: El mandamiento bíblico es “No asesinarás”

No hay un mandamiento bíblico que ordene no matar. Empero, hay uno que ordena no asesinar. Originalmente, en idioma hebreo, este mandamiento, escrito con letras del idioma castellano, se enuncia así: “Lo Tirtzakh”. El historiador Kenneth C. Davis, en su obra “Usted no sabe mucho sobre la Biblia”, afirma que “Lo Tirtzakh” significa “No asesinarás”. Y el rabino Joseph Telushkin, en su obra “Literatura Judía”, también afirma que “Lo Tirtzakh” significa “No asesinarás”. Adjudicarle a “Lo Tistzahk” el significado de “No matarás” es un gravísimo error de traducción del texto bíblico original hebreo, como afirman Davis y Telushkin.

La muerte de un ser humano causada por otro ser humano, suele denominarse “homicidio”. El homicidio es asesinato solamente si es intencional e ilegal. Por ejemplo, quien mata para robar comete un homicidio, que es un asesinato porque su acto es intencional e ilegal; pero quien mata para defender su vida comete un homicidio que no es asesinato porque, aunque es intencional, defender su vida es legal. Es un derecho. Quien inyecta una sustancia mortal a quien ha sido sentenciado a pena de muerte, mata intencionalmente pero no comete un asesinato, porque la ley misma ordena emplear ese recurso para ejecutar la sentencia. Quien mata pero evidentemente su intención no era matar, comete un homicidio que no es asesinato. Por ejemplo, el automovilista que accidentalmente causa la muerte de un ser humano comete un homicidio, que no es asesinato, porque no fue intencional.

Podemos afirmar que todo asesinato es un homicidio pero no todo homicidio es un asesinato. En suma: el asesinato es un caso particular de homicidio. Su particularidad consiste en ser intencional e ilegal.

En el año 1569, Casiodoro de Reina tradujo la Biblia al idioma castellano. En la traducción del Antiguo Testamento, incurrió en el error de traducir “Lo Tirtzakh” por “No Matar”, es decir, confundió homicidio y asesinato. En el año 1602, la traducción fue revisada por Cipriano de Valera. La revisión conservó el error. Revisiones posteriores, en los años 1862, 1909 y 1960, también lo conservaron. El error persiste en la versión actualizada en el año 2015, con una nueva fórmula: “No cometerás homicidio”. Abusivamente sugiero que quien lea los diez mendamientos en las versiones de Reina y de Valera, sustituya el impropio mandato “No matarás” o el igualmente impropio mandato “No cometerás homicidio” por el propio mandato “No asesinarás”.

La traducción de la Biblia, dirigida por el Rey Guillermo I, de Inglaterra, publicada en el año 1611, también incurrió en el mismo error. El mandamiento fue traducido así: “Thou Shalt Not Kill”, o “No Matarás”. Quizá los expertos traductores que el rey congregó supusieron que “No Matarás” podía interpretarse así: “No Asesinarás”. Traducciones más recientes al idioma inglés acertadamente han desistido de esa suposición, y han optado por la traducción correcta: “You Shall Not Murder”, o “No Asesinarás”.

En el año 1979, la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano publicó, en idioma castellano, una versión “popular” de la Biblia. Esa versión conserva la errónea traducción del mandamiento. Empero, introduce un cambio: el mandamiento es enunciado en el modo subjuntivo presente: “No mates”. La traducción correcta habría sido “No asesines”.

El mandamiento bíblico jamás podría haber sido “No matarás” porque precisamente el Antiguo Testamento ordena matar a quien transgrede la ley divina; pero esa orden no es orden de asesinato, sino de castigo. Y en el Nuevo Testamento, originalmente escrito en idioma griego, Jesús no afirmó: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás…” Jesús afirmó: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No asesinarás…” Efectivamente, el mandamiento que Jesús cita, escrito con letras del idioma castellano, se enuncia así: “Ou foneuseiz”, cuya traducción correcta es “No asesinarás”.

Algunos de quienes se oponen a la pena de muerte prefieren, por supuesto, que el mandamiento sea traducido así: “No matarás” o “No mates”, puesto que equivale a una prohibición general de homicidio. No importa que el homicidio sea o no sea asesinato. Creo que deben ser honestos y desistir de esa errónea traducción, en la que subyace, evidentemente, un gravísimo error de interpretación del mandamiento original.

En suma: el mandamiento del Antiguo Testamento prohibe asesinar; y en ningún caso prohibe imponer la pena de muerte. Precisamente en Éxodo se tipifican varios delitos por los cuales se ordena imponer la pena de muerte. Por ejemplo, “el que hiriere a alguno, haciéndole morir, él mismo morirá.” Y Dios le dice al pueblo de Israel: “Pero si alguno se ensoberbeciere sobre su prójimo, y lo matare con alevosía, de mi altar lo quitarás para que muera.”

Delitos por los cuales, también en Éxodo, se ordena imponer la pena de muerte, son herir al padre o a la madre, o secuestrar a una persona. Y no es culpable de muerte quien, durante la noche, mata al ladrón que intenta ingresar a su casa, probablemente porque durante la noche puede ser difícil reconocer al ladrón, y el intento criminal puede no ser castigado; pero durante el día puede ser fácil reconocerlo, y entonces puede ser acusado, juzgado y castigado. En el libro Levítico se ordena imponer la pena de muerte por maldecir al padre o a la madre, o por adulterio, o por tener relaciones incestuosas y relaciones homosexuales, o por tener relaciones sexuales con animales. Y se exige que la ley divina sea cumplida, y se amenaza con destruir a quienes se resisten a cumplirla.

Post scriptum. No he pretenido argumentar favorable o adversamente a la pena de muerte, aunque creo que debe ser impuesta, por ejemplo, a secuestradores y asesinos. He pretendido únicamente exponer un error de traducción de un mandamiento del Antiguo Testamento.

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