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EDITORIAL: Giammattei, migración, inseguridad, declive económico, etc. Esta es la realidad

Ver lo que viene con Giammattei al frente es como contemplar la fotografía de la erupción del volcán de fuego, “Algo viene, no se ve muy claro y parece peligroso”.

El doctor derechista Alejandro Giammattei (63) se convertirá el próximo enero en el presidente de Guatemala, después de tres intentos frustrados. Ganó las elecciones del pasado domingo con un 59 % de los votos y heredará un país en crisis social y desencantado con sus políticos.

Tan solo un 42 % del electorado acudió a las urnas, una cifra que demuestra ese descontento. «Ha habido una apatía con este proceso electoral. Un cansancio que refleja el sentimiento que se tiene hacia un sistema político que le termina siempre dando la espalda. En esta elección, los votantes depositaron menos esperanza», expresó el analista José Carlos Sanabria. 

Giammattei sustituirá al polémico humorista Jimmy Morales, muy criticado por no haber renovado el mandato de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), un organismo, auspiciado por la ONU, que asistía a la Fiscalía en la lucha contra la corrupción y que señaló al presidente saliente de financiación ilegal de su campaña del 2015.

El futuro líder del país mantendrá esa decisión. Giammattei es un crítico de la gestión de la CICIG desde que fue detenido, en el 2010, tras ser acusado de haber estado implicado en la muerte de siete presos en una cárcel guatemalteca cuatro años antes, cuando fungía como director de las instituciones penitenciarias del país. La Fiscalía no halló pruebas de su culpabilidad y Giammattei quedó en libertad. 

El todavía presidente Morales ha sido también muy criticado en las últimas semanas por haber firmado un acuerdo de «tercer país seguro» con EE.UU, después de que Donald Trump amenazase con imponer aranceles sobre las exportaciones guatemaltecas e impuestos a las remesas que los inmigrantes en territorio norteamericano envían a su país.

El acuerdo, que ha marcado los comicios, obliga a Guatemala a acoger a los refugiados salvadoreños y hondureños que esperan que los tribunales de EE.UU. resuelvan sus casos, a cambio de que el país centroamericano reciba ayuda económica de EE.UU. y otros organismos. 

Giammattei criticó duramente ese pacto. El presidente electo, sin embargo, ha relajado su posición tras su victoria electoral. Ahora ve el pacto con Washington ?muy criticado por el Partido Demócrata norteamericano? como un hecho consumado, a pesar de haber sido rechazado por ocho de cada diez guatemaltecos. 

Ha declarado que tendrá acceso al acuerdo y que sus colaboradores participarán en las próximas rondas de conversaciones con EE.UU., durante el periodo de transición hasta su toma de posesión. Sigue pensando que se puede cancelar, pero parece más reacio a hacerlo. 

«La única opción que veo es la renegociación de algunas cláusulas para que haya más beneficios para Guatemala, como, por ejemplo, aumentar el número de visados estadounidenses para trabajadores agrícolas, pero no creo que el presidente electo vaya a por más», expone el politólogo Renzo Rosal. 

«El pacto, más allá de formalismos, es una realidad. Han aumentado las deportaciones, se ha endurecido el ingreso de guatemaltecos a EE.UU., incluso los legales, y se han capturado a redes de coyotes. Lo que falta es oficializar que este país sea el espacio formal para ubicar a miles de solicitantes de asilo», añade. 

La falta de medios de subsistencia donde un 60 % de los guatemaltecos viven bajo el umbral de la pobreza-, y donde la violencia, aunque ha bajado en los últimos años, sigue siendo alta, con 22,4 asesinatos por cada 100.000 habitantes en el 2018, y las pocas perspectivas de mejora continúan expulsando a guatemaltecos de su país. 

La guardia fronteriza de EE.UU. ha detenido a 250.000 migrantes provenientes de Guatemala tan solo este año. lo que equivale al 1,5 % de la población de Guatemala. El éxodo no solo continúa, sino que podría acrecentarse, según los expertos. 

«No parece que el escenario vaya a cambiar con el nuevo Gobierno. La migración, a lo sumo, será considerada como parte de la agenda de seguridad, como quiere EE.UU., y no desde la perspectiva de derechos», cree el analista Rosal. 

También está en entredicho la gobernabilidad del país. «Giammattei y su partido Vamos deben enfrentar el desafío de no contar con una bancada numerosa en el Congreso, en un contexto con importantes desafíos como la migración, la inseguridad, el estancamiento de la economía y la corrupción», cree el analista Javier Brolo. Son grandes retos para el nuevo mandatario guatemalteco.

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