Información con Valor, Prensa Objetiva

Control y comida

0

Nuestra relación individual y social hacia la comida está invariablemente marcada por el control: desde el autocontrol hasta el control social, la comida está indiscutiblemente ligada a nociones opuestas de exceso y carencia, de desenfreno y frugalidad, de disciplina e indisciplina. En algunas ocasiones, estas relaciones resultan problemáticas.

Con la llegada del Año Nuevo, existen propósitos relacionados a querer mejorar la alimentación. El deseo de mejorar en los seres humanos es un gran primer paso de estar en el camino hacia lograrlo. Sin embargo, el camino hacia lo que se considera “mejor” puede ser agreste y lleno de obstáculos. Con la voluntad de mejorar, muchas personas se imponen metas de seguir equis dieta de moda para perder equis número de kilos que, para algunas personas, constituyen los indicadores “objetivos” de la mejoría de la alimentación. El asunto está en que, en muchas ocasiones, el estado mental con el que se emprende un régimen alimenticio no es el que garantiza un mejoramiento permanente de los hábitos.

Entre las situaciones que se reportan, en la literatura científica acerca de las características de la conducta alimentaria de las personas que han decidido llevar una dieta para perder peso, están episodios de obsesión con la comida. Como una dieta generalmente involucra una planeación activa acerca de lo que se va a comer durante un día o una semana, las personas pasan por pensamientos obsesivos recurrentes sobre lo que van a comer, en el mejor de los casos.

En otras situaciones, se desarrollan obsesiones de ciertos alimentos sobre los que se crean nuevos imaginarios acerca de sus propiedades. Por ejemplo, si una semana la persona baja mucho de peso y esa semana comió piña, y a la semana siguiente, la misma persona comió manzana y no bajó nada de peso, empiezan a atribuirle cualidades mágicas a la piña. Y lo mismo pasa con alimentos a los que se les atribuye ganancia de peso. En la realidad, las pérdidas y ganancias obedecen a una serie de factores complejos que algunas veces resultan subjetivos, como la emocionalidad, el estrés y otras situaciones que son más difíciles de medir.

Además, el seguimiento de las dietas puede causar pensamientos rumiantes sobre los logros o los fracasos, incluso en algunas ocasiones aislar a las personas socialmente, puesto que prefieren no asistir a compromisos sociales donde haya comida de por medio para no tener tentaciones que arruinen su dieta. Todas estas situaciones ponen a las personas en una paradoja, puesto que el objetivo de mejorar la alimentación, en lugar de mejorar la relación con los alimentos en todo sentido, la empeora, ya que se vuelve una fuente de estrés y tensión, todo por el control.

En la época contemporánea, muchos de los mensajes de salud pública o acerca del físico de las personas, aluden a la capacidad de controlar lo que se come, lo que se siente, lo que se vive. El control en exceso es, al final, una característica patológica de la personalidad, puesto que siempre existen situaciones inesperadas que no están bajo nuestro control. Los mensajes sobre la alimentación, generalmente, aluden de manera implícita al control sobre lo que comemos. Definitivamente, existe una parte de ello que determina lo que nos llevamos a la boca, pero existen muchos otros factores de peso que también influyen en lo que comemos y poco tienen que ver con nuestro control individual.

Twitter: @Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

Por El Economista

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More

Privacy & Cookies Policy