El científico y el político

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Por: Édgar Gutiérrez

Afortunadamente para el país, el presidente Giammattei fue sensato al llamar a los científicos para que aconsejen la conducción estratégica de la nave en esta emergencia. O como él mismo dijo en ‘Guatevisión’ y ‘Prensa Libre’ (19 y 20/05/20), hay que dejar el timón a quienes saben conducir en las pistas de carrera más exigentes y complicadas, como Mónaco con sus curvas cerradísimas y sus breves rectas. Y es que su impericia nos llevó desde el viernes 15 a choques que zarandearon a toda la sociedad.

Reconocer que se equivocó es un signo alentador para la salud de la población, la salud de la economía y de la gobernabilidad democrática. Tranquiliza que el despliegue estratégico de la gestión contra el COVID-19 estará en manos de un equipo de científicos encabezados por el doctor Edwin Asturias y donde participarán, probablemente, los doctores Eduardo Arathoon y Claudio Ramírez.

Reforzando ese criterio, ayer el vicepresidente Guillermo Castillo convocó a las masas grises en otras disciplinas para encontrar las mejores fórmulas de reconstrucción. Es vital, por ejemplo, abrir el horizonte de la recuperación económica, aunque en este campo la integración de un panel de expertos es compleja. El escenario pos COVID-19 hablará por sí mismo, pero ciertamente en la definición de los campos de crecimiento y desarrollo (reasignación de recursos) se va a reconfigurar la estructura económica y, por tanto, la pirámide del poder de las próximas décadas.

Las áreas de economía y desarrollo social de la ‘Política General de Gobierno 2020-2024’ tendrán que ser adaptadas tras el recuento de daños y las nuevas prioridades que gesta la pandemia, y a la luz de la definición explícita del “interés nacional”, considerando las transformaciones de los mercados locales, regionales e internacionales, y los nuevos roles de los agentes económicos y políticos.

Frente a crisis sistémicas y de la magnitud que desató el COVID-19 , es de sentido común priorizar el consumo para mitigar la contracción general de la economía (y los riesgos de ingobernabilidad), inyectar considerables volúmenes de inversión para generar millones de empleos, y transformar la política crediticia a fin de que las empresas tengan liquidez y se aliente a los emprendedores. El rol activo del sector público es vital para la recuperación económica.

Por otro lado, el 70 por ciento de nuestra fuerza laboral (quizá después de la crisis se eleve al 80 por ciento) sobrevive en actividades informales, principalmente comercio y servicios básicos con bajos rendimientos, y actividades agropecuarias de escaso valor agregado. La inversión prioritaria debería orientarse al trabajo intensivo en infraestructura vial, saneamiento comunitario, vivienda e intensificación de la producción de alimentos en el campo. Como nunca, la política económica y la política social deberán estar alineadas. “No hay mejor política económica que una buena política social”.

Será indispensable reformar y ampliar sustancialmente la cobertura de la seguridad social y los planes de pensiones, a fin de incorporar el mayor número de trabajadores en la informalidad. La estrategia de formalización del empleo requiere una estrecha coordinación entre Mineco, Mintrab, SAT e IGSS; la adaptación del sistema bancario y del Intecap, y la incorporación recia de la formación científica y técnica desde la escuela secundaria, además de pre-universitaria y universitaria, y revolucionar la educación social y humanista.

Muchas empresas morirán, pero nacerán más, otras se readaptarán. Los encadenamientos de suministros cambiarán. Ganarán resiliencia el turismo, el transporte colectivo, la producción textil, el periodismo, la publicidad, los restaurantes y bares. Surgirán otras rotulaciones del uso de espacios de vivienda, trabajo y recreación, y disponibilidad de espacios públicos. Los gobernantes deben dar oportunidad a los científicos, técnicos, emprendedores y artistas. Veremos.


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