Está en juego la vida de las mujeres

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Por: SilviaTrujillo – laCuerda

La violencia contra las mujeres es el delito más denunciado en el Ministerio Público de Guatemala. De acuerdo con datos recopilados por ONU Mujeres entre enero de 2018 y octubre de 2019 dicha institución recibió 108 mil 324 denuncias por delitos de esa naturaleza. Durante el periodo que ha durado el confinamiento la cantidad de denuncias ha disminuido, pero la mayoría de expertas coincide en señalar que no se debe a una reducción de la violencia sino a la imposibilidad de radicar la denuncia.

Cuando las instituciones comenzaron a acercarse y ofrecieron números telefónicos que les permitiera a las mujeres denunciar o solicitar apoyo, las cifras se incrementaron 10 por ciento respecto de las que hubo en los primeros quince días de confinamiento. De acuerdo con lo anunciado, después de recibida la denuncia en el 1572 se pone en marcha un protocolo que involucra a varias entidades públicas y debería poner en resguardo a las víctimas. La lección aprendida es que las instituciones deben acercarse a quienes necesitan de su atención. Misma que debe ser pertinente y suficiente, con calidez y calidad.

Este tipo de servicios involucran distintos sectores que tendrían que interrelacionarse. Pero eso en Guatemala sigue sin suceder, incluso en este momento acuciante. ¿Creerán las autoridades que es suficiente con dos líneas telefónicas para dar respuesta al delito que tiene mayor cantidad de denuncias cada año?, ¿qué sucede con las mujeres a quienes sus violentadores les quitan toda posibilidad de comunicación con el mundo exterior? Incluso, ¿qué hacen quienes no tienen un teléfono o viven alejadas? O ¿cómo lo resolverán las que no hablan castellano?

Existe también el botón de pánico habilitado para hacer llegar al Ministerio Público la solicitud de apoyo. Y nuevamente es insuficiente, porque hay que instalar la aplicación en el teléfono y seguir una serie de instrucciones que para quien no sabe leer ni escribir, no habla el idioma castellano o no tiene acceso a Internet, esto no es una opción.

Si una mujer por fin logra liberarse de quien la violenta cotidianamente, ¿a dónde irá a refugiarse? porque los albergues están cerrados. Y sigo preguntando ¿Por qué un servicio que es público no funciona? ¿Qué sucede si una mujer es violentada durante el toque de queda y por qué no existe una excepción a la norma para ellas?

Las mujeres organizadas y el Sistema de Naciones Unidas han hecho varios llamados para que la atención, en el marco de COVID-19, contemple el enfoque de género y la pertinencia cultural. Sin embargo, más allá de algunos discursos, la situación sigue siendo deficitaria. Está en juego la vida de las mujeres.

No alcanza con lo que el gobierno ofrece. Se nos quiere convencer que están luchando para salvaguardar vidas, pero ¿qué pasa con la vida de las mujeres?


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