Sin LiDAR ni chips con inteligencia artificial: así funcionaba un “coche autónomo” en 1971

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En 1917 una persona leía el periódico en un Ford Cortina fabricado en los años 60… mientras el coche circulaba por la calle él solo y sin que nadie toque el volante o los pedales. Road Research Laboratory de Reino Unido creó el que para muchos es el primer intento de coche autónomo de la historia. Salvando las distancias y cogido con muchas pinzas.

Los coches autonomos de la actualidad desde luego no se parecen en mucho a esta idea original de hace casi cincuenta años. Sin embargo, sí que nos permite ver los primeros intentos y la tecnología que se introudjo para conseguir que el coche se mantenga en el carril. Conducción autónoma en cierto sentido es, pero no en los más altos niveles de conducción autónoma que se toman en consideración en la actualidad.

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El truco: un cable enterrado en el asfalto

“Básicamente es un dispositivo muy simple” empieza el narrador explicando el sistema en un vídeo para la cadena CBC. Y lo cierto es que es realmente simple si lo comparamos con todo tipo de sistemas electrónicos que trae actualmente ya no un coche autónomo, sino uno tradicional con simples ayudas de asistencia al conductor.

Por aquel entonces no había cámaras ni sensores especiales en el coches que recogiesen datos en tiempo real para ser analizados por un superordenador integrado. El laboratorio de investigación británico utilizó un “truco” que le permitiese al coche ubicarse en el carril sin tecnología muy compleja. Se trataba de un cable eléctrico incrustado en el asfalto.

CBC Archives

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En la parte frontal sobre los faros y en el centro se pueden apreciar las bobinas que mantenían el coche centrado en el carril.

Este cable eléctrico generaba un campo magnético que era percibido por dos bobinas colocadas en la parte delantera del coche. Con el campo magnético detectado el coche podía ubicarse fácilmente para mantenerse siempre en el centro. Según la fuerza detectada por cada bobina el coche decidía si girar o no ligeramente la columna de dirección para centrarse de nuevo.

Respecto a la velocidad, un simple aparato electrónico regulaba que se mantuviese una frecuencia concreta de revoluciones en el motor. Ajustaba en tiempo real esta frecuencia y al mismo tiempo monitorizaba qué frecuencia tenía el motor para subir o reducir las revoluciones. Este sistema de conducción se conoce como drive-by-wire y busca eliminar los controles mecánicos a favor de un sistema eléctrico.

CBC Archives

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Ni el Autopilot de Tesla. Vía CBC Archives.

Un futuro diferente al imaginado en 1971

Los investigadores consiguieron implementar este sistema de bobinas en un total de cuatro modelos de coches de la época. El Ford Cortina, un Standard Vanguard, un Citroen DS19 y un Austin Mini fueron los escogidos. El proyecto buscaba conseguir un sistema universal para todos los vehículos e implementar el sistema del cableado en el asfalto a nivel nacional.

CBC Archives

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¿El principal inconveniente? Probablemente añadir cableado a todos los asfaltos. Vía CBC Archives.

Lamentablemente al final el Road Research Laboratory de Reino Unido desechó la idea y canceló el proyecto del coche autónomo. Pero siguió investigando la implementación de drive-by-wire en otro tipo de vehículos como pueden ser por ejemplo los autobuses o tranvías de transporte público.

“Alguna vez en el futuro […] cualquier vehículo en la red de carreteras puede ser conducido por control remoto todo el camino hasta su destino” pronosticaban los investigadores en 1971. La realidad cinco décadas después es algo distinta. Los coches autónomos han llegado dentro de lo que cabe, aunque les queda mucho por mejorar. Pero no han llegado gracias a cables incrustados en la carretera, sino que buscan asemejarse más al ojo y cerebro humano analizando el entorno sin tener que depender de una infraestructura específicamente diseñada para ellos.

Vía | Mentalfloss y Telegraph

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