Pensar en otra Guatemala

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Por: María Aguilar

El sábado 27 de junio se cumplieron 66 años de la renuncia del presidente Jacobo Árbenz Guzmán, el segundo presidente electo democráticamente en el siglo XX. Su expulsión del poder, producto de la alianza entre el sector conservador de la iglesia Católica, miembros de la elite económica fundamentalmente agraria, estudiantes anticomunistas, militares y el Gobierno de Estados Unidos, dejó una herida de la cual el país, a más de seis décadas, aún no se recupera.

Ese momento de quiebre, aunque personificado en Árbenz, no puede ni debe ser analizado como un hecho que afectó a una figura singular, sino como un momento que representó el fin de un proyecto colectivo, joven y aunque urbano con sus desaciertos, por lo menos, intentó por primera vez en la historia atreverse a soñar en un país realmente distinto, en el que la ruralidad fuera prioridad, y aportaron sus conocimientos para intentar hacerlo realidad.

Las palabras de despedida de Árbenz marcaron el fin de ese sueño que duró una década y abrió las puertas a que el país se convirtiera en un laboratorio para las guerras de contrainsurgencia peleadas a lo largo del continente americano. Guatemala se volvió un territorio para matar, torturar, violar y desaparecer a generaciones de hombres y mujeres que se atrevieron a pensar en otro mundo, otra sociedad, otro país. Quizá por eso, hoy, un sector “progresista”, educado, defensor de los derechos humanos se rehúsa a pensar en una Guatemala distinta y exige cambios que más parecen milagros, a un sistema dominado por mafias, corruptos y asesinos que gobiernan desde 1954.

Hoy, atrapados en la “modernidad” del siglo XXI, la pobreza y desigualdad que carcomen al país, unido a una pandemia que está llevando a una crisis económica mundial, alejan cada día más a las mayorías a pensar en términos históricos para entender cómo los procesos actuales son producto de las acciones, decisiones y sobre todo de las ideas de los grupos de poder. Dentro del intento diario por sobrevivir es imposible detenerse a pensar y cuestionar ¿cómo el poder económico, que es el mismo que mantiene el poder político y el poder ideológico, nos retrajo como país a una etapa de la colonialidad?

Guatemala viajó al futuro en 1944 para ser devuelta a la Colonia en 1954 y es desde ese momento de opresión, violencia, racismo, patriarcado desde el cual operamos y desde allí se intenta caminar. Sin embargo, desde nuestra burbuja de tiempo debemos girar los ojos hacia otros espacios, colectivos y países, en donde la rebeldía está derrocando figuras y algunos legados de violencia y dominación colonial, no para copiar sino para tomar un poco de fuerza para una vez más, atrevernos a soñar y luchar por un país distinto.


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