Largo y difícil camino por delante

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Por: Hugo Maul R.

Cada día que pasa queda más claro que la lucha de la humanidad contra el nuevo coronavirus se asemeja más a una carrera de resistencia, tipo maratón, que a una prueba de velocidad con obstáculos, tipo los 110 metros vallas. El tiempo ha pasado y el desafío que se vislumbra en el horizonte inmediato sigue siendo, en términos generales, el mismo que existía hace  varios meses atrás. Un importante grupo de países, la mayoría de ellos en este continente, siguen sumidos en la Fase 1 del combate a esta pandemia y los indicadores sanitarios siguen sin mejorar. Otro grupo importante de países, la mayoría en Europa, se encuentran ya en la Fase 2, regresando paulatinamente a la normalidad, pero la experiencia está demostrando que el retorno a la “nueva normalidad” trae consigo importantes desafíos que no necesariamente resultan fáciles de manejar. Todo indica que esta segunda fase se caracterizará por repetitivos episodios de “arranque y parada” seguidos de intermitentes episodios de confinamiento de incierta duración. Una situación que, si bien se sabía posible, se esperaba fuera la excepción y no la regla durante el retorno a una nueva normalidad. Finalmente, cuando esté ya disponible para la mayoría de la población una vacuna o un tratamiento efectivo, la Fase 3, es muy probable que la nueva normalidad, para muchos sectores y ocupaciones económicas, no tenga mucho que ver con la forma en que se hacían antes las cosas.

Cuando finalmente llegue la “nueva normalidad”, es muy probable que, a nivel de unidades productivas individuales, haya cambios importantes derivados de los ajustes y aprendizajes durante este azaroso viaje: desaparición de puestos de trabajo no prioritarios, ocupaciones no esenciales en donde sea muy alto el riesgo de contagio y actividades que puedan ser reemplazadas por máquinas o tecnología. A nivel general, los altos niveles de endeudamiento, poca disponibilidad de capital de trabajo y quiebras inminentes en el sector empresarial dificultarán una recuperación económica rápida y generalizada; además que algunos sectores tendrán que hacer frente a cambios abruptos y permanentes en los hábitos de consumo de sus clientes. Todo esto, sin tomar en cuenta los problemas de tipo macroeconómico que podrían acumularse durante la transición.  Asimismo, considerar que la “nueva” normalidad, para muchos sectores, empresas y trabajadores, probablemente sea más “otra” normalidad que alguna variación de lo que antes se conocía. Probablemente sea muy pronto para sacar conclusiones definitivas en relación a estos temas, sin embargo, la prudencia aconsejaría no apostarlo todo por una transición fluida y rápida, sino considerar también que muy probablemente el viaje  será largo y agitado.


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