Función del Ejército en una sociedad democrática

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Por: Mario Mérida

No ponderaré el rol desempeñado por los altos mandos militares en el pasado, ante coyunturas políticas, geopolíticas o religiosas. Tampoco me referiré al “ACUERDO SOBRE FORTALECIMIENTO DEL PODER CIVIL Y LA FUNCIÓN DEL EJÉRCITO EN UNA DEMOCRÁTICA” (1996), que con una visión más futurista debió llamarse “función del ejército en una sociedad semidemocrática”. El primer considerando del acuerdo dice: ‘“Que la paz descansa sobre la democratización y la creación de estructuras y prácticas que, en el futuro, eviten la exclusión política, intolerancia ideológica y polarización de la sociedad guatemalteca”’. Este perfila fielmente la situación actual de nuestro país debido a las pugnas por el control de las instituciones que componen el poder judicial, … todos con buenas intenciones.

Vargas-Machuca Ortega, Ramón, ha publicado varios investigaciones y artículos, en esta oportunidad cito un par de frases de su ensayo DEMOCRACIA Y JUSTICIA, justas para el momento: ‘“Si la justicia es la virtud más importante para organizar la vida pública, la democracia es como el aire sin el que ningún orden justo puede sobrevivir”’.

En otra oración expresa: “así como desde el lado de la teoría de la justicia se evalúan insatisfactoriamente aquellos argumentos que contradicen intuiciones democráticas básicas, también desde el lado de la teoría de la democracia se reconoce cada vez más que una concepción de la democracia insensible a las razones de la justicia pierde legitimidad”.

La democracia colonial, modificada por las presiones de la comunidad internacional, con el propósito de evitar la exclusión política, intolerancia ideológica y polarización de la sociedad guatemalteca, ‘naufraga’ en agua turbulentas; para navegar en ellas se requiere del balance informativo por medios serios y responsables, que rompan el efecto ‘“… entre la política mediática, la política del escándalo y la disminución de la confianza en las instituciones políticas”’ (Castel M. 2015.Comunicación y Poder).

Es claro que las disputas existentes inter e intra poderes, para tener el control fáctico del sistema de justicia -Corte Suprema de Justicia y Corte de Constitucionalidad- por medio de “togados” afines a su visión, han destruido la legitimidad y credibilidad de la justicia.

¡Qué pena!, pero no estamos ni cerca de ser una sociedad democrática. Los ciudadanos de a pie seguirán observando cómo las instituciones en quienes descansa el poder se autodestruyen.


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