#LaPeorMamá Viajar en tiempos de COVID-19

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Hoy, llevo ya semana y media de haber regresado y aún despierto por las mañanas, trago saliva y rezo para que no me duela la garganta

Como ustedes saben, y para los que no lo sepan les cuento de nuevo, en breve regresaré a vivir a la CDMX por un movimiento laboral de mi marido.  

Con toda esta locura de la pandemia, todo ha sido muy bizarro. No es la primera vez que me muevo de ciudad y tenía bastante dominado el tema: vas a la ciudad que te asignan y más rápido que veloz buscas casa y escuela para poder mudarte lo más pronto posible.  

Hoy, esto es muy difícil porque pandemia.

Buscar casa y escuela a la distancia ha sido una tarea complicada y muy estresante, la cual no hubiera logrado sin la ayuda de mis papás. Así que: gracias a mis papás que se han rifado. 

Después de ver por internet varias casas y depas, y mandar a mis papás a verlas y que nos las mostraran por videollamada. Después de “perder” un par de oportunidades, por fin encontramos un lugar que se adapta a nuestras necesidades y posibilidades, lo cual es complicado pero se logró.  

El dueño del departamento, para firmar el contrato nos dijo que quería que lo viéramos en persona para la firma y como necesitamos mudarnos este mes, ésta que les escribe se sacrificó por la familia y se fue a la CDMX para realizar todo el trámite. 

Tomar la decisión de viajar me costó trabajo porque la verdad me daba un poco de miedo. No sabía qué esperar.

Pero compré mi boleto de avión y me lancé a la aventura.  

No se si ustedes han estado en el aeropuerto de Monterrey pero normalmente está llenísimo, ahora vacío. Tanto que de los estacionamientos de larga estancia, solo está operando uno.  

Al entrar a la terminal te piden llenar un formulario donde te preguntan si has estado en contacto con alguna persona infectada o si tienes síntomas. Por supuesto no puedes entrar si no tienes cubrebocas y hay una persona en la puerta tomando la temperatura a todos.

En la terminal de donde viajé, durante las dos horas que estuve esperando, únicamente salió el vuelo que iba a la CDMX, así que había muy poca gente y, por lo tanto, la entrada a las salas fue muy rápida. 

No estaba abierto mas que un local, tipo cafetería; todo lo demás cerrado.

El procedimiento de abordaje ahora es por fila de atrás para adelante para que la gente tenga el menor contacto posible. Eso sí, todo mundo con su portafolio de carne San Juan y como yo iba en la fila 11 mi maleta ya no cupo y la tuvieron que documentar. 

Al subir al avión aplican satirizante a todo el equipaje que traigas y durante el vuelo solo puedes quitarte el cubre bocas cuando te ofrecen las bebidas.  

El avión iba prácticamente lleno, uno que otro lugar vacío. En mi fila había uno y por lo tanto mi compañera de asiento y yo decidimos que era mejor dejar el lugar vacío entre las dos. No nos hablamos durante todo el vuelo. Creo que todos íbamos nerviosos, yo sí.  

En la terminal 2 del aeropuerto de la CDMX había más gente, pero definitivamente nada parecido a la cantidad que normalmente está circulando por ahí. Todas las personas tratan de pasar lejos de cualquiera que va pasando.

Mi estadía en la CDMX fue bastante provechosa y sobre todo muy feliz porque vi a mis papás. Pero no se crean, el sentimiento de culpa de salir de cuarentena es muy grande.

Estuve únicamente 3 días por allá y emprendí el regreso a casa para preparar todo para la mudanza.

El vuelo de regreso fue muy parecido. La diferencia es que de la Terminal 2 sí estaban saliendo vuelos mucho más seguido. Calculo que eran unos 10 vuelos, los que estaban programados en las horas próximas a mi despegue.

¡Ah! Y cuando iba a pasar el filtro de seguridad me detuvieron porque al llenar la forma de prevención, la cual allá es por medio de una app, salió un código 19 que les indicaba que era persona de riesgo.

Nadie me supo explicar porque, en teoría solo quien ha viajado al extranjero en los últimos 15 días o ha estado en contacto con alguna persona contagiada debería salir como riesgo, pero ninguno de esos era mi caso. Solo Iván me dió una respuesta que hacía un poco de sentido, aunque no me dejó muy tranquila: 

– Lo hacen al azar señora.  

Total, vinieron de servicio médico y me hicieron exactamente las mismas preguntas que hacían en el cuestionario, me tomaron la temperatura y me dejaron pasar. Así que ustedes digan uy qué filtro, la verdad no.

Lo que definitivamente me molestó y me dejó muy triste fue que, sin importar las veces que el personal repitiera que el abordaje sería por filas para evitar contacto, la gente a fuerza quiere subirse primero al avión y peor aún, al descender el piloto claramente dijo que sería por filas de adelante para atrás y por supuesto que los de atrás salieron corriendo en cuanto el avión paró.

Nunca he entendido esa prisa por bajarse del avión. Bueno, solo una vez que #miniplausi se estaba haciendo pipí y juré que no llegábamos, pero esa es otra historia.

Hoy, llevo ya semana y media de haber regresado y aún despierto por las mañanas, trago saliva y rezo para que no me duela la garganta. Tomé todas las precauciones, pero estoy consciente de que me arriesgue y eso me tiene bastante nerviosa. Pero como a mí me gusta ver el lado positivo de las cosas, ya tengo casa dónde llegar y eso me da mucha tranquilidad, así que estoy muy contenta.  

No sé cómo serán los viajes después de esto, pero creo que seguirán así durante bastante tiempo, así que si van a viajar, tomen sus precauciones, su tiempo, y una pastilla de pasiflora para los nervios.

Y, por favor, respeten las indicaciones, porque ayudan a cuidarnos a todos. 

Gracias por leer

#LaPeorMamá 

Por Claudia García Reyes

Twitter: @la_peor_mama 

Via López-Dóriga


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