¡Cómo es cruel la incertidumbre!

Comparte

Por: Mario A. García Lara

Los contagios de COVID-19 están creciendo aceleradamente. Los modelos predictivos –que anticipaban que la cima de contagios se daría en junio– fallaron debido, seguramente, a que la información oficial con la que fueron alimentados estaba equivocada. De manera que lo peor de la pandemia está aún por llegar. El impacto económico de las medidas de contención está siendo profundo y los programas de ayuda a los trabajadores y a las empresas llega a cuentagotas. El consumo de los hogares se ha reducido, no solo porque las personas temen por sus empleos, sino porque estando confinados en casa no pueden gastar tanto como antes. Y también porque existe miedo a contagiarse.

Además del virus, los enemigos a vencer son el temor y la incertidumbre. Y los programas de ayuda económica no van a ser suficientes para lograrlo, pues los agentes económicos van a contener el gasto hasta que recuperen la confianza en el futuro. Las claves para reducir la incertidumbre pasan por tener mayor claridad sobre los datos y pronósticos de la evolución de la pandemia, así como sobre el adecuado manejo de la misma por parte de las autoridades y de las comunidades. Afortunadamente los científicos saben cada día más cómo combatir el virus aplicando tres tácticas: cambios en el comportamiento social; pruebas, rastreo y aislamiento; y, si estas fallan, confinamientos focalizados. La táctica en que más debemos mejorar es en la de hacer pruebas y rastreos para controlar brotes, táctica que ha resultado exitosa en sociedades no necesariamente ricas, como lo muestran los casos de Vietnam y Mumbai.

También afortunadamente la economía se ha ido adaptando. Así lo atestiguan los aumentos exponenciales de las reuniones en Zoom, de las entregas a domicilio, de los cambios de protocolos en las plantas industriales, o de los ajustes en las cadenas de suministros. Muchas tendencias de producción que eran incipientes antes de la crisis, ahora se han generalizado, como la digitalización de procesos, los servicios de telemedicina, o el teletrabajo. Pero todo esto también será insuficiente para recobrar el crecimiento económico si no se acompaña de una recuperación de la confianza.

La condición esencial para que los consumidores vuelvan a gastar y las empresas a invertir es que vean una luz al final del túnel que ilumine su primer paso hacia la nueva normalidad. Esa luz puede darla un programa integral y bien estructurado de medidas gubernamentales y legislativas para la reactivación. No importa si aún falta tiempo para alcanzar la cima de los contagios; incluso, no importa si hay una nueva oleada de infecciones, siempre que el sistema hospitalario se fortalezca, se refuerce la capacidad de hacer pruebas y rastreos, y se afiancen las prácticas sociales (lavado de manos, distancia social, uso de mascarillas) de prevención. Si se avanza en eso, debe avanzarse simultáneamente en el diseño, lanzamiento y puesta en práctica de un programa coherente de reactivación económica.

Tanto las medidas sanitarias como el cambio del comportamiento social y la credibilidad de un plan de reactivación requieren de una comunicación eficaz de líderes confiables, a nivel local y nacional. Infortunadamente, una gran cantidad de ciudadanos no les cree a sus líderes políticos, y menos cuando, en vez de centrarse en enfrentar la pandemia, se enfrascan en guerras políticas que dañan las instituciones republicanas y minan aún más la confianza ciudadana. Esta pandemia nos ha permitido identificar muchos puntos débiles en nuestra sociedad y sus sistemas institucionales. Será una tragedia si dilapidamos la oportunidad histórica de abordar esos puntos débiles con las respuestas necesarias.


Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *