Aquí no hay fut político de calidad sino solo chamuscas callejeras

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Por: Gonzalo Asturias Montenegro

Metafóricamente digo que aquí no hay fut político de calidad sino solo chamuscas de barrio infame porque en nuestros encuentros futbolísticos solo hay fáboles, posiciones fuera de sitio y tiros de penal que no eran penales porque nuestro arbitraje es débil y los jugadores shucos. Esta es la conclusión que saco después de ver al país con una institucionalidad judicial rota o semi rota, en la que diputados y magistrados se tiran mutuamente rayos y centellas en un espectáculo tercermundista de trágicas repercusiones económicas y sociales y para la inversión.

Independientemente de la ideología, todas las personas decentes deberíamos unirnos para no permitir el nombramiento de personas que no sean idóneas para las Cortes Suprema y de Apelaciones. Imagínate tú las repercusiones nefastas para el país si llegáramos a tener otros cuatro años Cortes controladas abiertamente por el crimen, por quienes fueron al besamanos de un pícaro de siete suelas que busca librarse de la justicia. Recordemos que las actuales fueron fruto de las infames componendas entre Lider y PP según fue denunciado con detalles por Manuel Baldizón. ¡Asqueroso! Refiriéndose a las cortes anteriores a la presente, Roxana Baldetti dijo que se pactaron en una cama de hotel. ¡Así de vomitivo es nuestro caso! Ahora, los corruptos quieren que la función del circo siga adelante. Que haya nuevas cortes que sigan protegiendo a Felipe Alejos y demás corruptos. Todo esto es lo contrario a un estado de derecho. Todo esto ha contribuido a que Guatemala sea uno de los países de la región que asegura menor inversión extranjera. ¿Quién invierte en un país con cortes controladas por el crimen? Si tú fueras millonario ¿invertirías en un país africano con cortes al servicio del crimen? ¡Claro que no! Tristemente el partido Vamos de Giammattei está ya alineado con el Pacto de Corruptos 2020.

 Si el CACIF dice estar del lado de la lucha contra la corrupción debería pronunciarse en contra de que los aspirantes a las cortes que fueron a besar el anillo de Alejos sean nombrados para tales cargos. El problema de Guatemala no son otros en el extranjero sino nosotros mismos que, con nuestro comportamiento erróneo, damos pábulo a todo tipo de señalamientos de corruptos y poco transparentes, de estar quebrando la institucionalidad judicial del país, de sentar en las Cortes a personas que reverencian al crimen organizado. En nuestras manos está aún evitarlo. No hay que tenerle miedo a la decencia.

Con propiedad, yo me pregunto ¿cómo nos verían de fuera si hubiera una ruptura de la institucionalidad judicial? ¿Rompe la institucionalidad el que el Congreso no acate una orden de la Corte de Constitucionalidad y que ello quede impune? ¿Qué haremos si durante los próximos cuatro años estuviéramos siendo señalados en forma negativa por congresistas norteamericanos y eventualmente por una administración Biden de un país que tiene con Cortes mafiosas? ¡Del carajo!

Después de la pandemia, el país solo saldrá adelante con inversiones de capital masivas que no vendrán con cortes controlados por el crimen, además de estarlo la Contraloría general de cuentas y el Tribunal Supremo Electoral que rinde pleitesía a los diputados corruptos, que son mayoría. Así no atraeríamos capitales. Como país repeleríamos, apestaríamos. Si no evitamos que la mafia se vuelva a encaramar a los estrados judiciales seguiremos como espantapájaros haciendo huir a las aves, en este caso, inversiones que crean fuentes de trabajo y que, si vinieran en forma masiva, serían luz al final del túnel.

Las empresas que tras la pandemia se retiren de China, en la región buscarán abrigo en otros países como El Salvador, Costa Rica o Panamá porque Guatemala es un país de sobresaltos. No es la Embajada de los Estados Unidos o la Unión Europea los que los producen sino nuestra forma de hacer política a lo bandido. Esta ha sido nuestra historia pero no puede ser nuestro sino. Cambiarlo está en las manos de todos.

El déficit que tiene el mundo no es de capitales sino de honestidad, decencia, rectitud. Solo con ellas Guatemala se podrá abrir al mundo y el mundo a Guatemala. No un país en el que todos los jugadores consideren que el fin justifica los medios y obren en consecuencia, aprovechando un arbitraje del partido débil, corrupto e infame, que asuste a propios y extraños.

El verdadero problema de Guatemala es el de no combatir efectivamente la corrupción que con la partida de la CICIG se ha encaramado hasta el penthouse. Para colmo de males se busca ahora crear un tribunal en el que se ventile todo hecho de corrupción. Se pretende crearlo en medio de fundadas sospechas de que absolverá a todos ladrones y bandoleros. Juzgadores como el juez Gálvez estorban.

Solo las personas o grupos que hoy luchen contra la corrupción tendrán aceptación electoral en tres años. Ellos atraerán votos independientemente que sean de derecha o de izquierda. Solo la lucha inclaudicable por crear otro estado de cosas, por romper este establishment arrodillado ante el crimen organizado nos sacará adelante. 

Comprendo que muchos fallos de la Corte de Constitucionalidad, especialmente los relacionados con las mineras, han sido nefastos, pero en un estado de derecho deben ser acatados. El que no estén a mi gusto y del de muchos no es razón para defenestrar a sus integrantes. No porque haya decisiones de Giammattei que no me gusten invoco un golpe de estado. Ser demócratas o no serlo, ser decentes o no serlo, tener seso o caca en cabeza es al final “the question” shakespeareana.

gasturiasm@gmail.com


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