Filosofía en tiempos de pandemia

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Por: Juan Carlos Méndez

Acostumbrados a vivir en la vorágine de la vida moderna, en la superficie de los hechos, anestesiados por la rutina y el trabajo, nos hemos olvidado de nuestro ser y esencia; somos ese puñado de conciencia, frágil e insignificante que por medio del conocimiento y organización social ha sido capaz de transformar la realidad.

El aislamiento obligado, el trabajo virtual, la frugalidad financiera y la vecindad de la muerte nos lleva a percibir lo que nos pasa como algo irreal, como un mal sueño que pronto terminará. Sin embargo y si lo pensamos bien, es lo más real que nos ha sucedido en mucho tiempo, es la realidad en su plena desnudez.

La filosofía no es una materia anticuada que interesa solo a los excéntricos; la soledad, la incertidumbre, el miedo a la enfermedad y a la muerte nos obligan a plantearnos de nuevo las grandes preguntas que han atormentado a los filósofos por siglos. En el contexto de la pandemia y escuchando al filósofo Martín Hopenhayn, quiero compartir algunas reflexiones que me parecen interesantes y que invitan a meditar un momento.

La primera reflexión pasa por la pregunta de los límites. ¿Cuál es el límite del disciplinamiento social y de la autoridad del estado en cuanto a vigilancia y control?; ¿cúal es el límite de la coordinación global de esfuerzos para encontrar una vacuna y hacerla accesible a todos?; ¿cuál es el límite del gasto social y endeudamiento que se puede permitir el gobierno?; ¿cuál es el límite de la desactivación económica provocada?; ¿quién decide en qué momento se cierra o se abre la economía? Se trata del viejo dilema de la libertad individual y el contrato social.

La siguiente reflexión se refiere a los plazos. En la medida que la pandemia se extiende, las situaciones atípicas empiezan a grabarse en la mente y los hábitos de las personas, se consolidan en la subjetividad y el imaginario colectivo. El tiempo es el mejor autor, siempre encuentra un final perfecto.

Surge entonces la pregunta sobre la normalidad y la excepcionalidad. ¿Hasta dónde la excepcionalidad pasará a ser la nueva normalidad? ¿Era la normalidad más bien una anormalidad? La pandemia trae cambios estructurales profundos, su impacto es global y desproporcionado y, seguramente lo que una vez fue, no será.

Reflexión sobre la velocidad y la interdependencia. La pandemia nos pilla en el pico máximo de la velocidad en términos de movimiento de personas y cosas, lo que a su vez, maximiza la interdependencia, la globalización financiera, económica y digital. La pandemia es una parada brutal y un momento crítico en la evolución de los modelos de desarrollo. ¿Regresaremos a los niveles anteriores de velocidad e interdependencia?, o ¿es la pandemia terreno fértil para los nacionalismos, el separatismo y la autarquía?.

Una reflexión profunda sobre el ser humano y su papel en el universo. La pandemia es un golpe tremendo al ego del ser humano, que por momentos se considera omnisciente y omnipotente. Ya Copérnico hace varios siglos demostró que no somos el centro del universo; Darwing explicó que somos una especie más luchando por su sobrevivencia; Freud nos hizo ver que no somos quienes creemos ser y que hay fuerzas ocultas que nos impulsan; y ahora la pandemia nos enseña que ni la ciencia, ni todo el poder y riqueza del mundo son suficientes para vencer a un ser insignificante como este virus que nos está cambiando la vida.

Una última reflexión sobre la democracia y los sistemas políticos. Hoy, la libertad individual, el modelo de mercado, el estado de bienestar y el capitalismo mismo están en tela de juicio. La pandemia del COVID-19 no es una crisis como las anteriores, implicará un cambio de paradigmas y de balance geopolítico de las potencias mundiales y cuyas consecuencias aún están por descubrirse.


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