Se transparentó como eligen magistrados

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Por: José Alejandro Arévalo Alburez

Lo comenté en este mismo espacio el 7 de octubre de 2014, luego el 2 de abril del año pasado, y el 25 de febrero y el 9 de junio de este año.

Repito lo que les conté, sobre cómo estando en un desayuno parlamentario de oración el jueves 25 de septiembre de 2014, pude percatarme sobre la forma como fue decidida la elección de los actuales magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de las Salas de Apelaciones, cuyo período venció en octubre del año pasado, pero que aún siguen en sus puestos por disposición de la Corte de Constitucionalidad.

En aquélla mañana, los diputados de los bloques legislativos mayoritarios (partidos políticos ahora cancelados), se levantaron del desayuno porque fueron llamados de urgencia para que, en la sesión plenaria que iniciaba a las 10 horas, votaran sin chistar (disciplina de partido le llaman) por un listado de candidatos negociado por sus dirigentes, para ocupar las magistraturas a cargo de la justicia del país.

Algunos son los mismos magistrados que quieren ser reelectos y mantenerse en los cargos por un lustro más. Con lo develado y conocido públicamente desde el 2015, ahora sabemos la forma como se decidieron y repartieron dichas magistraturas. Alrededor de la cama de un cuarto, confesó una protagonista.

La fórmula ha sido siempre la misma, cada grupo de interés político o por encargo de los poderes reales tras bambalinas, plantea sus candidatos, uno por uno, en orden y secuencia conforme al peso político de cada bloque parlamentario.

En ese momento, idoneidad, capacidad, conocimientos y experiencia son secundarios, porque el trabajo de depuración le correspondía a las Comisiones de Postulación, integradas por colegios profesionales y universidades que el constitucionalista creyó podían ser la reserva moral del país, pero que el MP/FECI evidenció que no lo son.

El sistema, aunque parezca perverso, en teoría no es políticamente censurable por sí mismo, porque los magistrados son formalmente electos por los diputados al Congreso de la República, representación soberana del pueblo en un régimen democrático y republicano.

Pero en realidad el sistema no propicia una carrera judicial sana, imparcial e independiente, porque cada magistrado sabe de quien (o de quienes) depende su permanencia en el cargo, o éstos se encargarán de recordárselo cada vez que sea necesario inclinar la balanza de la justicia a su favor, que debiera ser ciega. Y cada magistrado sabe que los mismos diputados y los mismos grupos, volverán a decidir sobre su puesto dentro de cinco años.

Superar esta preocupante realidad sólo puede lograrse mediante una reforma constitucional, planteada hace diez años por la Usac-URL-Asíes y una decena de diputados. Mientras tanto, la selección de candidatos y la elección de magistrados que hará el Congreso, responderá a los mismos incentivos del pasado. La historia se repetirá. Y los resultados también.


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