Al enemigo vencido puente de plata

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Por: Roberto Blum

La autoría de la frase “Al enemigo que huye puente de plata” se atribuye al político y militar castellano, Gonzalo Fernández de Córdoba, también conocido como “el Gran Capitán”. Una frase que indica la agudeza y la prudencia de quien se distinguió en numerosas batallas y hechos de gobierno a finales del siglo quince y los albores del siglo dieciséis. Sin duda tanto al que huye como al vencido conviene permitirles una salida digna en vez de proseguir con una costosa persecución.

En varios ámbitos académicos y políticos estadounidenses se han iniciado recientemente serios procesos de construcción de escenarios posibles, parte esencial de la disciplina conocida como “ciencia prospectiva” que intenta desarrollar planes y respuestas adecuadas a situaciones futuras previsibles, acerca del periodo entre los próximos meses de noviembre, diciembre y enero. Estos tres meses son políticamente críticos ya que comprenden el intervalo de un posible “interregno” en los Estados Unidos.

Las elecciones federales para elegir al presidente de la República, a los 438 representantes populares y a la tercera parte de los cien senadores se deben celebrar sin falta el día 3 de noviembre. La constitución redactada en Filadelfia en 1787 y vigente desde 1789 establece que el Congreso federal establecerá la fecha para celebrarse las elecciones federales. La fecha establecida es el martes siguiente al primer lunes de noviembre. Así, cada dos años los ciudadanos son convocados a participar para escoger a sus representantes ante el gobierno federal y cada cuatro para elegir al jefe del poder ejecutivo y jefe de Estado. La estabilidad institucional de los Estados Unidos que esa constitución instaura ha sido probablemente la circunstancia fundamental que ha hecho de esa nación la más rica y poderosa en el siglo veinte y lo que va del presente. Es de hacer notar que el proceso electoral de los Estados Unidos nunca en su historia ha sido suspendido o aplazado en ninguna circunstancia. Aún en medio de la sangrienta guerra civil, en 1864 hubo elecciones federales. Lo mismo sucedió el martes 8 de noviembre de 1932 durante la gran depresión. Sin duda la capacidad del pueblo de elegir a sus gobernantes es la característica esencial de la democracia.

Sin embargo, las insinuaciones hechas por un presidente como el actual, de aplazar o suspender las elecciones de noviembre o bien no reconocer los resultados de las urnas, han hecho sonar las alarmas políticas de “tirios y troyanos”. Escenarios de futuros inimaginables hace cuatro años, ahora son considerados como posibles. El presidente Trump se ha caracterizado por sus tendencias autoritarias y su propensión a aprovechar todo espacio existente para beneficio personal al tiempo que elude las normas para él inconvenientes, cooptando al aparato de justicia y llenando con posibles cómplices las vacantes de jueces federales. Todas estas circunstancias han hecho indispensable hacer planes de contingencia para lo que podría ser el peligroso periodo de “interregno político” entre el día de las elecciones y la asunción al poder presidencial el día 20 de enero del 2021 de quien resulte triunfador en las elecciones de noviembre.

El futuro personal de Donald Trump fuera de la presidencia no es nada agradable. En el momento de dejar su cargo, Trump sin duda se verá llamado a responder a numerosas demandas ante tribunales administrativos, civiles y penales, locales y federales, lo que será sumamente molesto y costoso para él y su familia. Así, los incentivos de Trump para dejar la presidencia en caso de perder las elecciones son prácticamente inexistentes. El próximo presidente debería considerar la recomendación del “Gran Capitán”, a enemigo vencido puente de plata.


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