Los dirigentes ausentes

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Por: José Barnoya

Escasos tres años arrejuntaba la Reforma Liberal de 1871, cuando el General Barrios dictó el decreto de fundación del Instituto Nacional Central de Varones para estudios de Bachillerato; decretando un año después la creación de la  Escuela Normal Central de Varones para estudios de Magisterio; siendo el albergue del Instituto el viejo Colegio Tridentino, y el Colegio Mayor, de la Normal.

Estaba por finalizar la dictadura ubiquista cuando un grupo de patojos ingresamos, unos al INC de V para cursar el bachillerato y los otros a la Escuela Normal para estudiar magisterio; hacerse maestros y luego creadores, como dijera el apóstol Martí.

Nuestro primer contacto como instituteros con los normalistas, fue durante un fin de semana cuando el Central derrotó por escaso margen a la Normal en un  partido de básquetbol. Los güifas se vengaron derrotando al Central jugando buen fútbol el siguiente sábado.

Llovía fuerte esa tarde en la que el ‘Pajarote’ Montenegro, un auténtico sheca, me obligó a empaparme bajo el agua que chorreaba de un segundo piso de la Propiedad Inmueble. Al llegar al plantel, el director Mérida nos mandó a casa después de ofrecernos café y una apetitosa sheca de salvado (pan diario de los internos del Central). Lo de güifa proviene de una especie de atolillo de arroz, panela y agua que tomaban los normalistas. En 1948 varios patojos: el Seco, el Loco, Raúl, Roberto, Mario y otros salíamos del Central, al mismo tiempo que Jorge Mario, Roberto, Mincho y compañeros, dejaban la Normal, para inscribirnos en la Usac.

En 1996 cuando se discutían los Acuerdos de Paz que siguen sin cumplirse, la prensa propaló que la paz estaba en manos de ex alumnos del Liceo Guatemala. En esta época, tanto en los altos puestos como en las diputaciones, alcaldías y otras jugosas chambas, aparecen también egresados de diferentes colegios.

Resucita ahora un grupo de ‘shecas’ y ‘güifas’ inmolados impunemente: Edgar Lemcke, Adolfo Mijangos, Mario López Larrave, Manuel Colom Argueta, los hermanos Alvarado, Otto René Castillo, Rafael Tischler, Víctor Manuel Gutiérrez, Rufino Cabrera, Huberto Alvarado, Héctor Fión Garma y Mario Silva que, trabajaron con valentía, honestidad y solidaridad para con esta pobre patria; mártires que nunca usufructuaron jugosos puestos de dirección; dirigentes que tanta falta hacen ante la carestía de líderes.


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