Santa Sofía (II)

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Por: Roberto Antonio Wagner

Kemal Ataturk tuvo que ejercer su presidencia con autoritarismo para prevenir precisamente que los deseos de muchos oficiales y políticos de la nueva República de Turquía de reconstruir un nuevo Imperio Otomano no se materializaran. Ataturk entendió que las reformas para implementar una constitución fracasaron en el siglo XIX no precisamente por el orden político controlado por el sultanato sino al revés: por la influencia de las autoridades islámicas en el ordenamiento de la administración pública (que desde el siglo XVIII era estaba plagada por corrupción) y segundo por las intrigas políticas que se daban en el harén del Sultán en donde la mayoría de decisiones políticas giraban en torno a las ambiciones de la madre del Sultán (que dirigía el harén), la madre del heredero al título de Sultán así como las madres de las pretendientes del heredero al título. No bastaba abolir el sultanato, había que destruir el régimen político de abajo hacia arriba y para hacerlo Ataturk fue implacable.Atataurk sabía que los pilares de Secularismo, Modernismo y Democracia con los

fundó Turquía no eran de por si suficientes para lograr la confianza de occidente cuando habían críticas por su autoritarismo, el apoyo del Imperio Otomano a la Triple Alianza durante la Primera Guerra Mundial y el genocidio armenio que se llevó a cabo entre 1914 y 1923. Fue así como Ataturk implementó una estrategia política a nivel interno y externo para lograr posicionar a Turquía al nivel de las potencias de la época. Trasladó la capital política de Estambul a Ankara, implementó reformas políticas y un código civil que declaraba la igualdad de género y el derecho de las mujeres a votar pero fue en 1934 cuando presentó el rostro secular, moderno y democrático de Turquía con la decisión por decreto presidencial de convertir a Santa Sofía (hasta entonces una mezquita) en un museo y “entregándolo” a la humanidad. La política vive de simbolismos y este anuncio fue el símbolo con el que Atataurk presentó Turquía al mundo y que a la vez cimentó su legado no solo como “padre de los turcos” sino como uno gran personaje de talla mundial.

La decisión del actual presidente Recep Tayyip Erdogan de reconvertir Santa Sofía en mezquita no es un impulso cualquiera pues representa un símbolo de una nueva Turquía que ahora le pertenece a él. Desde su llegada al poder hace ya seis años, Erdogan ha ido minando los tres pilares originales del kemalismo. Ha implementado reformas y gestado sospechosos “golpes de estado” como en el 2016 para socavar la democracia. Ha convertido a Turquía ya no solo en el puente que unía oriente con occidente sino que ahora también es el puente de paso de yihadistas que cometen actos terroristas contra el modernismo tanto en occidente como en oriente. Y con la decisión de reconvertir Santa Sofía en mezquita ha puesto el clavo final en el ataúd del secularismo en aquel país marcando un cambio no solo político sino cultural en la región euroasiática. (Continuará)

@RawWagner


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