Contrataciones públicas a la carrera

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Con la misma celeridad y pocos elementos de juicio con los que desean hacer compras públicas, un grupo de diputados buscan aprobar unas cuestionables reformas a la Ley de Contrataciones del Estado destinadas al fracaso. Los promotores de dichas reformas hacen suya, supuestamente, la voz de muchos gobiernos municipales que no pueden responder de manera adecuada las necesidades que afrontan día con día. Con una simplicidad de pensamiento que hace difícil distinguir entre la mala intención y la crasa ignorancia, se atreven a afirmar que los problemas que afrontan hoy las municipalidades en materia de adquisiciones se deben a los montos que la ley estipula para las distintas modalidades de adquisición. Aprovechando la crisis desatada por la pandemia, un grupo de diputados de las comisiones de de Asuntos Municipales y  de Finanzas del Congreso, buscan ampliar los montos que rigen actualmente para las distintas modalidades de adquisición. Aseguran que ampliando dichos montos, como por arte de magia, mejorará la efectividad y eficiencia en las adquisiciones de las municipalidades.

De nada sirve ser ágil en las compras si se carece de un buen plan de compras, producto de una adecuada planificación en función de las necesidades reales de la población, y de la capacidad para ejecutar de manera efectiva, eficiente, honesta y transparente los proyectos. Elementos que, casualmente, olvidan los promotores de estas reformas y sobre los cuales debería descansar una reforma integral al sistema de compras.. Los problemas que hoy quieren resolver son producto de “sesudas” reformas en el pasado reciente.  adoptadas en el pasado. Reformas parciales como estas solo terminan provocando problemas más grandes que los que pretenden solucionar. Al ciudadano no le interesa que compren rápido, si lo que compran no ayuda en nada a resolver los  problemas que lo aquejan; asimismo, tampoco le sirve de nada que compren rápido si el “caldo saldrá más caro que las albóndigas”. Claro está, quienes se quedan con las “albóndigas” ven el problema desde una perspectiva totalmente distinta. Parecieran no darse cuenta estos diputados que facilitar la compra no asegura que las compras sean las más idóneas, ni que la relación precio-calidad de lo que se adquiera sea la mejor, mucho menos que los procesos sean transparentes y honestos.


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