El mundo post COVID

Comparte

Por: Juan Carlos Méndez

Aunque todavía no conocemos el desenlace y balance final de la pandemia del COVID-19, la mayoría creemos que tarde o temprano saldremos adelante y que la vida continuará; pero ¿qué mundo nos espera, una vez superada esta terrible enfermedad?

Indudablemente el mundo no podrá ser el mismo de antes del COVID, lo que fue, no será. Las huellas y cicatrices que dejará la pandemia serán muchas, no todas ellas ocasionadas por la propia enfermedad, pero sí por sus efectos colaterales; la pandemia vino a precipitar lo inevitable. Tratemos de imaginar por un momento, el nuevo orden mundial considerando hechos que hoy tenemos a la vista.

En la geopolítica, el balance de poderes cambiará. Estados Unidos, después de 75 años de hegemonía económica y política, perderá la supremacía; China en pocos años pasará a ser la economía más grande del planeta con las naturales consecuencias de ello. La rivalidad de estos dos grandes dividirá al mundo y se habla ya de la segunda guerra fría. La predominancia tecnológica está en juego y la lucha por el dominio del 5G es solo la punta del iceberg.

El segundo elemento por considerar es la macroeconomía global. Los países, especialmente los desarrollados, durante y posterior a la crisis financiera del 2008 se endeudaron a extremos peligrosos y sobre esa endeble situación, llegó la pandemia, que obligó a implementar grandes paquetes de alivio económico para mantener a flote a las personas y empresas, lo que ha llevado a estos países a endeudarse a niveles nunca imaginados. No hay almuerzo gratis, dice la voz popular. La cantidad de dinero emitida por los bancos centrales, sin respaldo o emisión de deuda a cero costos, tendrán consecuencias impredecibles, sea por el lado de la inflación, de las decisiones de inversión y sobre todo en el balance del poder económico en el mundo. El dólar perderá su papel de reserva mundial y la pregunta es, ¿en qué moneda deberemos invertir entonces, en oro, plata o bitcoin?

En la política y las finanzas, la pandemia ha traído como consecuencia la intervención de los estados en la vida privada de los ciudadanos, imponiendo restricciones a la movilidad, el cierre obligado de negocios, la prohibición a la convivencia, etc.;  en el caso de Estados Unidos, el gobierno ha intervenido de tal manera que se ha convertido en el participante del mercado bursátil y financiero más poderoso, desvirtuando completamente el papel del libre mercado como mecanismo para la asignación de los recursos en la economía.

La globalización y la logística mundial serán parte de la reconfiguración obligatoria. No está claro el impacto que el COVID tendrá en las cadenas de suministro globales, sin embargo es predecible que los gobiernos y las empresas se vean forzadas a buscar fuentes de suministro mucho más cercanas, más seguras y en muchos casos y a propósito, en contra de los intereses de China. El tema de la salud estará en la agenda de los políticos. Si alguna lección clara nos deja esta pandemia, es que el sistema de salud no debe ser el eslabón débil en una crisis sanitaria.

Hoy somos más pobres de lo que éramos hace pocos meses, la contracción del PIB del mundo y de cada país en particular ha sido brutal. Las pérdidas en vidas y económicas se miden en millones y trillones respectivamente, pero lo más crudo del COVID es que ha dejado al descubierto la vulnerabilidad de los gobiernos, las empresas y las personas. Se estima que el cincuenta por ciento de los trabajadores en Estados Unidos tiene menos de quinientos dólares en sus cuentas de banco para enfrentar cualquier contratiempo; en Guatemala es mucho menos. Ante la cruda realidad, que cada tres años aparece un nuevo virus o se generan condiciones para una nueva tragedia, es evidente que el crecimiento económico es insuficiente; una sociedad basada en el consumismo y la eficiencia productiva es vulnerable ante las grandes catástrofes y tragedias que aún están por venir.

En Guatemala, no solo no hemos visto la luz al final del túnel, estamos todavía en medio del remolino de la pandemia y por lo tanto, no hemos tenido cabeza para empezar a discutir cómo enfrentaremos el futuro inmediato. Con la pandemia, el plan de gobierno original del presidente Giammattei se quebró y se quedó sin materia; es decir, hay que empezar a diseñar el nuevo y verdadero plan de gobierno para los próximos tres años, el cual deberá considerar el mundo post COVID.


Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *