Desafíos de la educación infantil en este contexto

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Por: Marcela Gereda

El homo sapiens necesitó del movimiento para sobrevivir. Biológicamente nosotros seguimos determinados por la necesidad de movimiento para prosperar. Las estadísticas demuestran que existe una tendencia a cada vez moverse menos.

La educadora y escritora australiana Maggie Dent señala que además de obesidad y sobrepeso, está demostrado que los niños que no desarrollan las habilidades básicas de movimiento tendrán impactos fuertes en sus cuerpos, cerebros, en su vida social y emocional.

El movimiento no solo se trata de actividad física, es también imprescindible para desarrollar mentes sanas, balance emocional, y nutrir la vida socio cultural de cada ser humano.

La nueva tendencia educativa de “aula virtual” marcada por la pandemia presenta una serie de riesgos en los que es necesario pensar. Si vemos desde el lente histórico, cada sociedad le ha dado explicaciones diversas a las pandemias. La peste bubónica era un “castigo divino”. Hoy como se ha divinizado a la tecnología hay una creencia generalizada que “el virus chino” creado en misteriosos laboratorios de ese país (como lo denominó el nocivo Trump) nos ha encerrado en casa y nos ha obligado a la educación virtual.

Antes de la pandemia, la digitalización de la sociedad, el auge desenfrenado de la vida virtual y la virtualización de la educación ya eran uno de los principales componentes del diseño de sociedad promovido por Bill Gates y los demás actores de la Sillicon Valley. La pandemia solo vino a forzarnos a todos a dar un paso más.

Un estudio global de Kaspersky dice: el 98 por ciento de los niños entre 7-12 años tiene un dispositivo habilitado para Internet, los pequeños pasan 5:20 horas en línea a la semana.

La educación virtual para niños es una apuesta arriesgada. Porque la educación no son solo contenidos. Es también socialización, crear hábitos, desarrollar capacidad de pensamiento, aprender jugando, correr, etcétera.

La ciencia indica que los niños que no se mueven al aprender y que pasan mucho tiempo en pantallas pueden presentar déficit de atención, problemas de lenguaje, retraso del desarrollo motor, falta de equilibrio, inmadurez emocional, hiperactividad, problemas de sueño, problemas de lectura, conductas agresivas, etcétera.

El movimiento y aprender jugando o haciendo mejora la capacidad de los niños de auto regular sus emociones, salud mental, mejora el desarrollo cognitivo, las habilidades sociales, construye autoconfianza, enfoque…

La experta en pedagogía Maggie Dent nos invita a los padres a salir del sedentarismo provocado por las pantallas, salir a la naturaleza, explorar su magnitud. Los seres humanos nacimos para ser nómadas en movimiento. La vida sedentaria detrás de las pantallas es una disrupción de nuestra naturaleza y esencia. El movimiento incrementa los niveles de serotonina que es necesaria para regular nuestro estado de ánimo.

Los departamentos de Salud de Canadá y Australia han declarado como prioritario para mejorar la salud de los niños disminuir su “tiempo de pantalla”, o deshacerse de dispositivos y pantallas.

Dice Ernesto Sábato que vivir consiste en construir futuros recuerdos. De mis mejores recuerdos de infancia en el colegio son correr, cantar, jugar, bailar, jugar en la naturaleza, sentir el infinito en la nariz y en la garganta. Además de las razones biológicas necesarias de la interacción social y el movimiento, el aprendizaje del alma no lo dan las tablets, lo da acaso todo aquello que no se puede ver ni se expresa con palabras. Sofocarse de correr, el cariño, el tacto y reír es algo que fortalece el sistema inmune del niño. Todo eso no lo puede ofrecer la agenda de virtualizar la educación global.

La educación virtual a distancia es hoy resultado de una emergencia sanitaria. Pero no creamos ni nos dejemos creer que así deberá de ser la educación del futuro. El riesgo está en cortar con uno de los más poderosos hilos que conectan a los niños con el mundo real que les rodea.


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