¿Cuál será el efecto?

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Por: Estuardo Porras Zadik

El futuro para el exministro de Economía del gobierno de Jimmy Morales es sin duda el de enfrentar a la justicia americana. Aún quedan por demostrar su culpabilidad, pero no es lo mismo ser perseguido por la cuestionable y entelerida justicia guatemalteca, que ser acusado por el Departamento de Justicia del Distrito Sur de la Florida, la Administración para el Control de Drogas (DEA) y el Buró Federal de Investigaciones (FBI). De esta rara vez alguien se escapa. Aunque desde la óptica de la diplomacia en el Reino Unido, “el señalamiento no es acusación y se basa tan solo en lo dicho por un narco, una sutil venganza, así parece del narcotráfico en mi contra”. Siendo un caso en manos de la justicia americana, es solo cuestión de tiempo para que Interpol lo localice o que el exministro tome el único camino viable para optar por una condena más favorable: entregarse a la justicia. Entregarse no es lo mismo que ser capturado, y al ponerse a la disposición de quien lo acusa y cooperar, podría reducirse el tiempo que permanezca en la cárcel de ser este encontrado culpable. Ahora bien, esto no necesariamente significa que el desenlace será el que la mayoría acá en el sur esperan; ya que los intereses de Estados Unidos en perseguir al exministro y a sus iguales pueden no estar alineados con los de la justicia en Guatemala.

A los Estados Unidos le caracteriza su peculiar manera de velar exclusivamente por sus intereses; respetando la soberanía de países como el nuestro, hasta que estos intereses se vean comprometidos. A la fuerza o con la sutil diplomacia, la historia es testigo de que los intereses del norte siempre prevalecen. ¿Cuáles son entonces esos intereses hoy en día, y cómo apuntan estos a un exministro?

Si esto hubiese ocurrido en Paraguay, Chile, Argentina o Perú sería un tema local y posiblemente totalmente ajeno a los Estados Unidos; pero Guatemala está en su “patio trasero”. Nuestra posición geográfica nos convierte en el corredor por excelencia de los cárteles de la droga; el desgobierno que nos caracteriza es un paraíso para que exista el crimen organizado en total impunidad. Lo que opera en Guatemala es un entretejido de políticos y empresarios que en apariencia solo bailan con la novia del narcotráfico, pero que en la realidad se acuestan y se levantan con ella. Eso es precisamente lo que pone en relieve esta acusación: supone cómo un empresario de una reconocida empresa de telecomunicaciones intenta persuadir con dinero en efectivo a diputados para pasar leyes a su favor, pone en marcha un sofisticado mecanismo de lavado de dinero, se refugia en la impunidad que otorga el derecho de antejuicio, y cobra favores políticos para mantenerse al margen de la justicia. De ser cierto, esta es la perfecta sinfonía de la corrupción y la impunidad en la que convergen diversos personajes del sector empresarial, la banca, la política, el Estado y el narcotráfico para conformar el “crimen organizado”.

Es importante no crear falsas expectativas de las repercusiones de este caso en lo que a Guatemala concierne; ya que el interés de la justicia americana por el exministro es puntual y no promete tener el efecto esperado en el patio trasero. Para el norte, este caso es importante por el trasiego de drogas hacia su país, porque el lavado de dinero que supuestamente se llevó a cabo fue con mecanismos dentro de su propio territorio, y por la inseguridad en temas migratorios que el tráfico de drogas conlleva. Poco tiene que ver con empresarios corruptos, diputados que reciben bolsas de dinero a cambio de impulsar y aprobar leyes, un Ministerio Público observador, ministros corruptos y Cortes viciadas. A lo único que pueden aspirar quienes de este caso esperan que la ley se aplique y se haga justicia en Guatemala es a que, convertidos en país paria, le seamos más incómodos a los vecinos del norte y esto los obligue a demandar una limpieza y el reordenamiento del país. La posible condena del exministro representa los puntos de presión para todo el andamiaje detrás de esta acusación; la cual promete ser una ópera sin precedentes. La cárcel y el tiempo que el exministro permanezca en esta al ser incapaz de probar su inocencia, dependen de su repertorio. Para quienes salgan a relucir en esta cantaleta, les espera por fin una exposición irrefutable: la posible, pero difícil extradición al norte y de ser efectiva, la presión para sanear un poco el sistema en Guatemala, el Mariscal Zavala. ¡Ojalá que no nos quedemos en nada más que en una alerta de ‘tsunami’!


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