Dedicarse a gobernar ¿qué?

Comparte

Por: Édgar Gutiérrez

El COVID-19 es la pandemia más politizada e ideologizada de la historia. Nos resuenan los debates de Estados Unidos porque, además, los políticos están en la antesala de una campaña que se anticipa recia, y elecciones ‘sui generis’.

La estrategia de protección de la salud por parte de los políticos, asociada a impedir batidas profundas de las actividades económicas, califican su éxito. Por eso la reelección del presidente Trump está en entredicho: fracasa en los dos campos y su liderazgo está debilitado. Los gobernadores están asumiendo cada vez más en sus Estados las riendas del manejo de las crisis.

En Guatemala los términos del debate son otros. El presidente Giammattei decidió la semana pasada desentenderse del COVID-19 para dedicarse a “gobernar el país”. Las organizaciones civiles Justicia Ya y Acción Ciudadana presentaron un antejuicio contra el gobernante por incumplimiento de deberes.

Para Giammattei los últimos cinco meses han sido “pérdida de tiempo”. Decidió, “gracias a Dios… (ir) saliendo de ese tema… (y) trasladarle la responsabilidad a la gente”, pero, al parecer, sin renunciar a los poderes extraordinarios que le concede el Estado de Calamidad, pues, agregó: “Si se quieren cuidar (las personas), se cuidan, si no les sacamos tarjeta roja”.

No se puede gobernar ignorando la pandemia y sus impactos en todos los ámbitos, pues la enfermedad gobierna Guatemala y el resto del mundo. Aunque de formas bastante distintas. Hay presidentes –sobre todo presidentas- que, con sabiduría y arte político, han protegido sus pueblos y economías. Otros han oscilado con mayor o menor margen, con actitud de aprender sobre la marcha, abiertos a la inteligencia epidemiológica y los aprendizajes de otros países. No he sabido de un presidente que haya tirado la toalla.

Es probable que Giammattei se exasperase con los videos de las aglomeraciones de personas en La Terminal, las estaciones de autobuses extraurbanos, centros comerciales y sitios de turismo interno, después de que él ordenó la reapertura parcial de comercios y lugares públicos. Aunque más creo que lo irrita su propia impotencia como gobernante: no tiene sistema público de control de los protocolos (tampoco lo procura) y la aplicación de los programas de asistencia destinada a la gente vulnerable, es decepcionante.

Pero remata con el pueblo. Y eso dice mucho. Frente al fracaso de su gobierno en esta crisis, antes pudo haber provocado su propia crisis de gabinete relevando a todos sus ministros y secretarios, y parafrasear al primer ministro de Líbano, Hasan Biab: Lo hago porque la hidra de la corrupción es más grande que el propio gobierno.

Mi curiosidad es qué entiende Giammattei por “dedicarse a gobernar”, en plena pandemia y cuando, previsiblemente dentro de un mes, sufriremos un rebrote terrible de contagios.

Veo dos caminos. El optimista (quizá demasiado) que, delegando a los científicos el manejo de la estrategia de salud, se dedique a reformar el sistema de gobierno que lo incapacita de ser el presidente eficiente y, por tanto, aceptado por la población. Por ejemplo, reformar la institucionalidad (servicio de carrera, sistema transparente de adquisiciones, gobernanza fiscal), transformar la educación y la salud, reducir el trabajo informal, mejorar el mercado laboral de mujeres y jóvenes, ampliar la protección social, animar la economía digital e impulsar políticas de prevención de la violencia, entre otros.

El otro camino es dedicarse a pagar las onerosas facturas de campaña electoral que adquirió. Onerosas, por la pérdida de recursos públicos, el irrespeto social mayor a las instituciones, el daño al estado de derecho y el orden republicano, y la degradación de la democracia. Si es el caso, nos fregamos.


Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *