“Luca el vendedor”

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Por: Méndez Vides

La pandemia trae de cabeza al mundo en la búsqueda del balance entre la acción de protección y vida. Estamos vivos, no en un sarcófago, y así como el planeta gira y gira, hay que continuar haciendo. La escritura es mi meta o destino, y yo aproveché el encierro para finalizar un proyecto de creación literaria que me desvelaba desde hace tres años. Con entusiasmo, comparto que esta semana llegó al país la versión final de ‘Luca el vendedor’, y que ya está en las librerías.

La novela resume la exploración de la vida chapina en la segunda mitad del siglo XX, en la dimensión o espacio que no cesó de actuar ni durante el conflicto armado particular o la guerra fría mundial, y que tampoco se ha detenido a pesar de las alertas del COVID-19 de hoy: la lucha por la sobrevivencia. Es una radiografía de la vida en un país pequeño pero intenso, que podría ser Guatemala, y circunstancia de un individuo indómito que no se queja ni conforma, que está dispuesto a lograr su meta y emprende un viaje por el mundo para prosperar. Es un migrante que asume para sí la tarea de vendedor en un mundo de cambio, de compra y venta. Se dedica a lo suyo, estando ajeno a lo que ocurría en su tiempo, aunque es arrastrado por las guerras, experimenta el rechazo, participa en el combate sin haberlo elegido, y realiza un largo viaje por el infierno y paraíso, que no están distantes ni ordenados en una línea en el tiempo, sino coinciden.

Luca representa el espíritu luchador, al trabajador incansable que no duerme, que no se queja, que no perdona, que es seducido por las pasiones y el delirio. Tiene olfato para la fortuna, y es un encantador que puede vender cualquier cosa.

Esta obra es un aporte a la novela social que me propuso tantas veces Mario Monteforte Toledo, y por ello, como un homenaje, dividí la obra estructuralmente en cinco partes, y titulé cada una de la misma manera que lo hizo nuestro novelista en su clásica ‘Entre la piedra y la cruz’, literalmente o parecido.

Ya está al alcance de las manos de los lectores posibles, y será enjuiciada a voluntad, porque es libre, nada que ver con el autor, tiene vida propia, y sale al mundo bajo los fuegos artificiales de un virus que puede matarnos pero no detener el tiempo ni la creación.


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