Ojalá y despierte la juventud

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Por: Miguel Ángel Albizures

Qué fácil es decir que la juventud es el futuro del mundo, que la juventud es un tesoro, y eso nadie lo niega, pero en la práctica no hacemos nada por ese futuro o por conservar ese tesoro y desarrollarlo para el servicio del pueblo y del país, y ponerlo a la altura y a la hora del mundo. Ayer fue el Día Internacional de la Juventud, pero su reto es el próximo sábado en la plaza central para que luche por un porvenir mejor.

El Presidente, constantemente, nos habla de la población más vulnerable, de los mayores de sesenta años, pero se olvida del tesoro que acumula nuestro país y que está abandonado a su suerte. Para la juventud solo hay represión del estado, prohibiciones, acusaciones y deslegitimación, pese a ser los llamados a transformar el país, porque los adultos seguimos hundiéndolo y dándoles a ellos el mal ejemplo de cogobernar con el Pacto de Corruptos y aprovechar esta crisis para hacer su agosto, desde el mes marzo, mientras según las informaciones, casi veinte mil jóvenes han sido infectados por el COVID-19 y más de setenta de ellos han muerto por la pandemia, mientras miles han quedado sin empleo y deambulan de un lado a otra en busca de una oportunidad para llevar el sustento a sus familias.

Para el empresariado guatemalteco la juventud es buena mano de obra, barata y desechable y por eso no hay que invertir mucho en su seguridad en el trabajo para no ser infectados, pues otros esperan en las calles, por la necesidad de ser contratados y no les importan los riesgos que les esperan, mientras que por parte del Estado no hay ningún tipo de estricta vigilancia ni cobertura sanitaria gratuita. En la medida en que se profundice la recesión económica, la juventud será profundamente golpeada por la crisis y sus posibilidades de empleo serán mucho menores, pero los planes concretos del gobierno para aliviar la situación de la juventud, siguen brillando por su ausencia.

Si lo vemos en el aspecto de educación, la gran mayoría de jóvenes no tienen acceso a internet y a la utilización de las plataformas virtuales, lo cual representará prácticamente la pérdida de un año o más de estudios con los efectos económicos para las familias que han hecho esfuerzos para que se preparen para el futuro. Pero los niños, los adolescentes y los jóvenes, siguen importando muy poco y el Presidente ha dicho que se desatenderá del COVID-19 y empezará a gobernar, o sea, después de casi ocho meses de asumir el poder, ahora empezará, y corremos el riesgo que ante las constantes denuncias de su inoperancia, se impongan estados de sitio en otras regiones y sea el ejército el que imponga su voluntad y someta a las poblaciones inconformes por la ausencia de política claras para hacerle frente a las consecuencias de la pandemia: al desempleo y al hambre que aumentan vertiginosamente.

Para este sábado, la juventud tiene el reto de responder al llamado para concentrarse en la plaza, pues el pueblo ha estado más preocupado por la salud y el pan diario, que por las nefastas política implementadas, y el fortalecimiento del Pacto de Corruptos que toma control del Estado y por supuesto de los recursos del pueblo. Jóvenes, hay que cuidarse, pero también hay que luchar y exigir sus derechos y no guardar silencio.


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