¡Qué ejemplito el del sector justicia!

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Por: Mario Mérida

Parece broma, pero no lo es. Cierto es, que a la mayoría de guatemaltecos no le interesan las pugnas de poder entre la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y la Corte de Constitucionalidad (CC)-aunque se afirme lo contrario-. Para los inconsecuentes es un pleito de viejas locas, pero quienes analizan seriamente el escenario preocupa la vulneración del orden constitucional y la pérdida de legitimidad y respeto de hacia ambas cortes.

La situación empeora, cuando el tirante entre cortes es el Congreso. Es obvio que este flirtea con una de las cortes o viceversa. Por si faltara algo, para erosionar aún más la representatividad republicana; esta semana tres organizaciones presentaron una ‘“denuncia en contra del Presidente de la República por incumplimiento de deberes”’, acciones que, por supuesto no cuestiono, solamente cito para contextualizar el escenario actual. A esto se agrega otra batalla jurídica, iniciada por la CC, que ordenó a la CSJ continuar el trámite de un amparo contra el TSE, por ‘“no revisar a cabalidad los perfiles de los diputados al Congreso que resultaron electos en 2019…” ‘(‘elPeriodico’. 11/08/2020)

Cualquier persona con conocimiento superficial de la historia nacional, estará de acuerdo que el país puede funcionar temporalmente sin organismo Ejecutivo. El serranazo lo demostró; cuando el presidente Serrano se fue del país, la CC entregó la representatividad del Estado de Guatemala al Ministro de Gobernación, quien huyó. Ante esa situación designó al Ministro de la Defensa, mientras el Congreso elegía un nuevo presidente y vicepresidente. Pero, sin el Organismo Judicial y Legislativo, es complejo sobrevivir como nación, superar la pandemia y recuperar la normalidad.

Estamos en medio de una vasta serie de interpretaciones antojadizas del orden constitucional y a la proliferación de supuestos principios, cito los que Lenio Luiz Streck, enumera entre otros los siguientes: ‘“Principio de la simetría, el principio de la no sorpresa, principio de la confianza, principio de la afectividad, principio del hecho consumado, principio de la instrumentalidad procesal y el principio de la confianza en el juez de la causa”’. Asimismo, ese ‘“activismo demuestra también que su ratio posee un origen solipsista, lo que acaba siendo problemático, porque la democracia y los avances pasan a depender de las posiciones individuales de los jueces y de los Tribunales”’ (Poder judicial y constitucionalismo democrático. 2014).


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