El caso de las “personas reguladas” en Cuba

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Por: Andres Oppenheimer

La dictadura de Cuba ha ideado una nueva forma de intimidación política que parece sacada de la serie de ciencia ficción de Netflix “Black Mirror”: está clasificando a los críticos del gobierno como “personas reguladas” y negándoles pasaportes para salir del país.

Escuché por primera vez sobre las “personas reguladas” de una Youtuber cubana de 21 años llamada Ruhama Fernández, quien anunció el 3 de agosto en su página de Facebook que le habían negado el pasaporte para recibir un premio internacional y visitar a sus padres en Estados Unidos. Me dijo que la empleada de la oficina de pasaportes del Ministerio del Interior de Cuba le dijo que su nombre aparecía en la computadora como “persona regulada”, y que por lo tanto no podía recibir su pasaporte.

Hablé con Ruhama por Zoom desde su casa en Palma Soriano, en la provincia de Santiago de Cuba, y me pareció una joven muy valiente, que cuenta su historia con una mezcla de asombro, humor y horror.

Ruhama me contó que la categoría de “personas reguladas” solía estar reservada para impedir que los médicos cubanos abandonen el país, pero que se utiliza cada vez más para intimidar a los críticos del gobierno, incluidos periodistas y Youtubers como ella.

El régimen cubano argumenta que no puede permitir que los médicos salgan del país porque recibieron una educación gratuita y, por lo tanto, tienen que servir a su país. Es un argumento ridículo, entre otras cosas porque la mayoría de los países de América Latina y Europa también brindan educación universitaria gratuita a sus médicos, sin privarles de su derecho de viajar al exterior.

Ruhama me contó que iba a viajar a Estados Unidos para recibir un premio a influencers de la plataforma de Red Cuban Power que acaba de ganar, y para ver a sus padres que viven allí.

Agregó que la secretaria de la oficina de migración le dijo que necesitaba “arreglar su situación” antes de solicitar nuevamente un pasaporte. Eso, en la jerga cubana, era una forma de decir que debería dejar de criticar al régimen y hacerse miembro de la Juventud Comunista, me dijo Ruhama.

“Cualquier persona que piense de manera diferente a lo que dicta la revolución, lo que dicta el sistema, puede convertirse en una ‘persona regulada’ o sufrir cualquier otro tipo de violación de sus derechos humanos”, me dijo Ruhama. “Eso es algo normal en mi país, y no debería serlo”.

Agregó que “yo hablo libremente en mi canal de YouTube, y cualquiera que diga lo que piensa en este país es calificado por el gobierno como un mercenario o un ‘gusano’, como dicen, para tratar de denigrarla”.

Según el sitio web cubano independiente 14y Medio, que fue el primero en dar a conocer la historia sobre la prohibición de Ruhama de viajar al exterior, al menos 150 ciudadanos cubanos figuraban como “personas reguladas” en septiembre de 2019.

Si bien la reforma migratoria de Cuba de 2013 había flexibilizado la necesidad de obtener “permisos de salida” emitidos por el Estado para salir del país, ahora el régimen le está negando la salida del país a cada vez más críticos del gobierno bajo el nuevo sistema de “personas reguladas”, señaló 14yMedio.

Las organizaciones de derechos humanos dicen que esto es una flagrante violación del derecho a la libre circulación establecido tanto por la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas como por la Constitución cubana.

José Miguel Vivanco, del grupo de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch me señaló que “los cubanos, como todas las personas, tienen derecho a salir de su país de origen así no le guste a la dictadura cubana, que pretende tratar a sus ciudadanos como si fueran su propiedad privada”.

Eso es muy cierto. Es muy difícil entender cómo puede haber un gobierno que en pleno siglo XXI decida arbitrariamente quiénes en su país pueden viajar al extranjero. Y es aún más difícil entender cómo las democracias de todo el mundo no alzan la voz para denunciar una de las dictaduras más antiguas y retrógradas del mundo, que ya lleva más de seis décadas violando los derechos humanos más fundamentales.


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