Antes de fallar en la forma de abordar el coronavirus, Trump tampoco pudo contener la epidemia de adicción a los opioides

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Se presentó como una iniciativa emblemática de la nueva administración del presidente Trump: una acción audaz para combatir una epidemia de adicción a las drogas que se cobró unas 64.000 vidas el año en que el ahora presidente fue elegido, muchas de ellas en pueblos pequeños y áreas rurales clave para su victoria.

“Observen lo que sucede si hacemos nuestro trabajo, cómo la cantidad de usuarios de drogas y adictos comenzará a caer en un período de años. Será algo hermoso de ver”, afirmó el presidente en una ceremonia en la Casa Blanca en octubre de 2017, cuando anunció una emergencia de salud pública para enfrentar la crisis.

Sin embargo, a pesar de que la Casa Blanca siguió organizando eventos de prensa, el número de muertos continuó en aumento. Las sobredosis fatales en 2019 se incrementaron más del 10% con respecto a 2016, según muestran datos federales.

Y en todo el país, funcionarios de salud pública, investigadores y médicos afirman que a pesar de algunos avances en la expansión del tratamiento contra la adicción, la administración no logró poner en marcha la amplia iniciativa nacional necesaria para salvar más vidas.

“Desafortunadamente, el alza en los decesos muestra que todavía no hemos implementado ampliamente las cosas que sabemos que funcionan”, destacó la Dra. Sarah Wakeman, directora médica de la iniciativa de trastorno por uso de sustancias en el Hospital General de Massachusetts, en Boston. “Hasta que no hagamos eso, seguiremos registrando muertes”.

En cambio, en un patrón que se hace eco de la respuesta de Trump al brote de COVID-19, la Casa Blanca a menudo favoreció las conversaciones optimistas por sobre los resultados reales.

Otro paralelismo con la respuesta al coronavirus: la oposición constante de la administración a expandir la red de contención de la atención médica del país obstaculizó los esfuerzos para que más estadounidenses reciban tratamiento para su adicción a las drogas, señalan los expertos de salud.

Chuck Ingoglia, quien encabeza el Consejo Nacional de Salud del Comportamiento, entre cuyos miembros se incluyen proveedores líderes de tratamiento de adicciones y salud mental, dijo que no podía pensar en ninguna iniciativa de la administración Trump que hubiera marcado una diferencia sustancial en la crisis.

El Dr. Shawn Ryan, líder de la Sociedad Estadounidense de Medicina de Adicciones, que dirige una red de clínicas en Cincinnati, observó que el principal logro del presidente podría ser simplemente la firma de una legislación desarrollada por el Congreso hace dos años para brindar dinero adicional para el tratamiento de las adicciones. “No puedo señalar nada de lo que hayan hecho como transformador”, remarcó Ryan.

Los funcionarios de la administración Trump defendieron su respuesta y señalaron que miles de millones de dólares de asistencia federal a los estados han ayudado a expandir el tratamiento contra las drogas y a reducir las adicciones a los analgésicos y la heroína.

“Nunca he visto el nivel de recursos invertidos en ningún problema de uso de sustancias, y ciertamente no en opioides”, enfatizó la Dra. Elinore McCance-Katz, una psiquiatra a quien Trump convocó en 2017 para dirigir la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias.

Pero Ryan y otros profesionales que trabajan en la primera línea contra las adicciones a sustancias argumentan que la crisis solo ha empeorado este año, ya que el fracaso del gobierno federal para controlar el coronavirus -incluso como ocurrió en otras naciones ricas- está impulsando el consumo de drogas y alejando aún más la posibilidad de que muchos estadounidenses afectados puedan tratarse.

“Vemos que se avecina una gran tormenta este otoño”, remarcó Kody Kinsley, quien supervisa los programas de salud mental y de abuso de sustancias en el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Carolina del Norte.

A medida que la gente pierde sus trabajos y su seguro médico, un número cada vez mayor de personas no puede recibir atención contra las adicciones, señaló Kinsley. “Prácticamente no existe una red de contención para ayudarlos”.

Carolina del Norte se encuentra entre una docena de estados donde la oposición republicana a expandir la elegibilidad para Medicaid a través de la Ley de Cuidados de Salud Asequibles dejó a muchos adultos pobres sin acceso a un seguro.

En otros estados en el centro de la epidemia de opioides, ampliar Medicaid para cubrir a los adultos trabajadores de bajos ingresos ha sido una herramienta vital, aseguran los funcionarios estatales de salud. En Ohio, por ejemplo, más de un tercio de las aproximadamente 700.000 personas que se inscribieron en Medicaid después de su expansión informaron alguna dependencia de drogas o alcohol.

Sin embargo, la administración Trump intentó durante tres años y medio revertir la ley de salud de 2010 y la ampliación de Medicaid que ésta autorizó. El gobierno apoya actualmente una demanda de Texas y otros estados liderados por el partido republicano para derogar toda la norma que, de tener éxito, eliminaría el seguro médico para decenas de millones de estadounidenses.

“La cobertura del seguro es el bastidor sobre el que se construye el tratamiento”, señaló Brendan Saloner, experto en políticas de uso de sustancias en la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg. “Sin embargo, esta es una administración que no ha mostrado ningún compromiso real para preservar la cobertura”.

En los últimos años, el gobierno federal ha aumentado la ayuda a los estados para combatir la crisis de los opioides, financiada por proyectos de ley aprobados por el Congreso, primero en 2016 con el presidente Obama y luego en 2018, con Trump.

La administración Trump flexibilizó algunas reglas para facilitar que los pacientes que consumen sustancias reciban tratamiento usando medios de telesalud y surtan recetas de medicamentos contra la adicción.

Y un esfuerzo a nivel nacional para rastrear y limitar mejor las recetas de analgésicos a base de opioides ayudó a reducir las tasas de prescripción, una tendencia que comenzó en 2012.

El alza de la financiación ayudó a aumentar el acceso al tratamiento y a los medicamentos que salvan vidas, según muestran los datos. Pero las mejoras en muchos casos simplemente continuaron las tendencias que ya estaban en marcha antes de que Trump asumiera el cargo.

Las recetas minoristas de naloxona, el antídoto vital que se usa para revivir a las víctimas de sobredosis de drogas, se duplicaron entre 2017 y 2018, por ejemplo, según datos analizados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Esa fue la misma tasa de aumento que entre 2016 y 2017, y más lenta que el alza entre 2015 y 2016.

De manera similar, en los primeros dos años de la administración Trump, el uso de buprenorfina, un medicamento ampliamente recomendado para el tratamiento de pacientes con adicciones a los opioides, aumentó al mismo ritmo que en los años previos a su elección, hallaron los investigadores.

En términos más preocupantes, los investigadores encontraron que el uso de buprenorfina ha disminuido entre los estadounidenses más jóvenes, una tendencia que también comenzó antes de Trump.

“Puede ser tentador intentar pintar una imagen optimista, pero definitivamente no lo es”, observó el Dr. Mark Olfson, epidemiólogo de la Universidad de Columbia, que dirigió el estudio sobre esa sustancia. “Si bien la línea de tendencia está al alza, y eso es alentador, la mayoría de las personas siguen sin obtener el tratamiento que necesitan”.

Y aunque la ayuda federal adicional ha contribuido, los líderes estatales afirmaron que la preferencia de la administración por las subvenciones que duran uno o dos años, en lugar de un sistema de financiamiento permanente como Medicaid, ha dificultado la construcción de sistemas duraderos para tratar a quienes sufren de adicciones.

“Se obtiene algo de dinero, se distribuye, uno hace algunas cosas nuevas con las clínicas y luego, puf, desaparece”, expresó el Dr. Jeffrey Schiff, ex director médico del programa Medicaid de Minnesota, que pasó años trabajando en el tratamiento del uso de sustancias en el estado. “Nadie va a rechazar el dinero, pero no respalda una estrategia sostenida”.

En términos más generales, los funcionarios de salud pública señalaron que las iniciativas de la administración Trump para reducir la red de contención más amplia, incluido el recorte de la asistencia para la vivienda, el seguro de desempleo y la ayuda alimenticia, amenazan los apoyos que las personas que sufren de adicciones necesitan de manera vital.

Eso ha dejado al país en pugna por controlar una epidemia sin realmente abordar muchas de las causas fundamentales de la adicción, consideró la Dra. Karen Smith, quien se desempeñó como directora de salud pública de California de 2015 a 2019. “Nuestra estrategia nacional es como comprar una llanta nueva cada vez que se cae en un bache, en lugar de invertir en arreglar la carretera”, comentó. “Por la cantidad de dinero que estamos gastando, los resultados que obtenemos son bastante patéticos”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

Via : LA Times


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