El sueño de la razón produce monstruos

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Por: Roberto Blum

En su serie de grabados “Los caprichos”, el genial Francisco de Goya y Lucientes satirizó en 1799 las corruptas prácticas tanto de la iglesia como del Estado español. Uno de esos grabados muestra al pintor durmiendo mientras alrededor de su cabeza aparecen animales de la noche como lechuzas, búhos, murciélagos, un gato y un lince, animales que significan la oscuridad y el mal. En un texto manuscrito Goya escribió “el sueño de la razón produce monstruos”. El pintor con ello quiso expresar que cuando la razón se adormece aparecen las visiones fantasmagóricas, las alucinaciones con seres monstruosos salidos de la oscuridad y al mismo tiempo reafirmar la confianza de los “ilustrados” en la razón, en la luz, que desterraría la ignorancia, las supersticiones, los errores para así conseguir la felicidad humana.

Hoy doscientos veintiún años después estamos inmersos en ese mundo donde la razón parece estar adormecida o bien plenamente dormida. Los monstruos que Goya preveía ahora nos rodean por todas partes. La ignorancia, la corrupción y las supersticiones habitan en muchos de los “palacios y casas de gobierno” lo mismo que en los claustros universitarios o en las más famosas y reconocidas academias científicas del planeta. Algunos de los gobernantes de los países más grandes, poderosos e influyentes del mundo han decidido que no hay hechos verdaderos sino solo aquellos que ellos mismos imaginan y promueven como realidad. Y una parte de sus pueblos, confundidos y engañados, los siguen como dóciles rebaños llevados al matadero. Las palabras están dejando de ser instrumentos de comunicación liberadora para convertirse en eficaces medios de manipulación y dominación.

El fenómeno parece universal. En la Rusia postsoviética, Vladimir Putin persigue, encarcela y envenena a sus contrincantes políticos, Xi Jinping es en la práctica el presidente vitalicio de la República Popular China, Orbán en Hungría, Duterte en Filipinas, Bolsonaro en Brasil y Maduro en Venezuela son dictadores o “wannabis” como lo es o sueña serlo el presidente estadounidense Donald Trump, “doce más años”, superando así al presidente Franklin Delano Roosevelt, quien tuvo la posibilidad de gobernar 16 años si no hubiera muerto al inicio de su cuarto cuatrienio en abril de 1945.

Los Estados Unidos de América y Francia en el siglo dieciocho fueron los primeros países que se constituyeron en repúblicas modeladas en la “razón ilustrada”. Su ejemplo “racional republicano” cundió como fuego en Iberoamérica en el siglo diecinueve con mayor o menor éxito y en el siglo veinte por todo el planeta tanto así que el politólogo Francis Fukuyama creyó vislumbrar “el fin de la historia” y el triunfo final de la ‘Razón hegeliana’, en su encarnación de la “democracia liberal” con la caída del muro de Berlín en 1989 y el colapso de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas en 1991. ¡Qué equivocado estaba Francis Fukuyama!

El andamiaje institucional, político racional, trabajosamente construido en doscientos años, se desintegró de la noche a la mañana entre 1989 y 1991. Vladimir Putin, el presidente ruso declaró en abril de 2005: “El colapso de la Unión Soviética fue la más grande catástrofe geopolítica del siglo veinte y para el pueblo ruso un verdadero drama” poniendo sobre aviso a los Estados Unidos y a la Unión Europea que la arrogancia política y económica de ellos, las “democracias liberales”, habían asesinado arteramente a la Razón encarnada en el Estado Mundial que estaba en un gradual proceso de desarrollo. En adelante, Putin insinuó en 2005, el mundo regresaría al estado de naturaleza hobbesiano, la guerra de todos contra todos. Para desgracia nuestra hemos soltado a los monstruos del infierno al desertar de la Razón.


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