Se acumulan solicitudes de asilo sin resolver en Guatemala (durante pandemia hubo 120)

Comparte

El sacerdote Juan Luis Carbajal, secretario ejecutivo de la Pastoral de Movilidad Humana, muestra las habitaciones que albergarán a los solicitantes de refugio. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)
El sacerdote Juan Luis Carbajal, secretario ejecutivo de la Pastoral de Movilidad Humana, muestra las habitaciones que albergarán a los solicitantes de refugio. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

Las solicitudes de asilo y refugio recibidas por el Estado de Guatemala no se han detenido, pese a la pandemia. Este año van 253 y sectores involucrados en el tema consideran que aumentarán al reabrirse las fronteras.

Para atender a estas personas que huyen de la persecución en sus países, la Iglesia Católica, a través de la Pastoral de Movilidad Humana, inauguró en la capital guatemalteca una casa hogar en la cual los solicitantes de protección podrán permanecer mientras sus solicitudes se resuelven y se establecen social y económicamente en el país.

El albergue tiene capacidad para unas 30 personas y cuenta con todos los servicios y comodidades. Es el primero de la Iglesia Católica que recibirá exclusivamente a solicitantes de refugio, pues solo contaba con 17 casas para migrantes en tránsito.

“Se les trata de dar toda la ayuda humanitaria, alimento, vestido, ayuda psicológica y social”, afirmó el sacerdote Juan Luis Carbajal, secretario ejecutivo de la Pastoral.

En este albergue también se proporcionará asesoría para que los solicitantes de protección puedan integrarse a la vida económica del país y contar, por ejemplo, con un permiso de trabajo, una cuenta bancaria y acceso a la educación de sus hijos cuando sea necesario.

Una de las habitaciones para albergar a niños. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

Pandemia

Carbajal expuso que la pandemia hizo más complejo el proceso de solicitud de asilo, no solo por el aseguramiento y militarización de las fronteras, sino porque, prácticamente, “los trabajadores de la salud y los propios vecinos se volvieron agentes migratorios”, ya que denuncian a los migrantes, por temor a que sean portadores del virus.

La situación se complica porque “hay algunos funcionarios de Migración que no saben o no tienen la voluntad de darles acceso a los procedimientos de asilo”, señaló.

El sacerdote cree que cuando se abran las fronteras “se va a destapar la olla y vamos a tener un flujo de personas” enorme migrando al norte y, consecuentemente, “más detenciones en la frontera y muertes en el desierto”.

Respecto de la agilidad con que el Estado analiza las solicitudes de asilo, Carbajal indicó que ha habido altibajos en la atención, y aunque en algunos momentos se ha visto voluntad por revisar los casos pendientes, quedan muchas de solicitudes de asilo por resolver.

Al respecto, el Instituto Guatemalteco de Migración reconoció que con las 253 solicitudes que han ingresado este año, a la fecha son 768 las pendientes de revisión. 120 se han recibido de marzo a agosto, los meses que lleva la pandemia.

Monseñor Gonzalo de Villa, arzobispo metropolitano, y el vicepresidente Guillermo Castillo inauguran oficialmente el albergue para solicitantes de refugio. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

Solidaridad

La bendición de la casa hogar estuvo a cargo del arzobispo metropolitano, Gonzalo de Villa, quien recalcó que el proyecto “es un esfuerzo muy grande” por ayudar a las personas que vienen a Guatemala con la intención de quedarse.

“Dice la Palabra que con la vara que midas serás medido, y si pedimos por nuestros migrantes en el norte también nosotros tenemos que abrir los brazos a la gente que viene de otros lados”, expuso el obispo, en referencia a que Guatemala es un país que “produce muchos migrantes”.

“La forma como tratemos a los migrantes, sea los que producimos o los que nos llegan, de algún modo es un termómetro que mide nuestra humanidad”, puntualizó.

De Villa no dejó de mostrar preocupación por la posibilidad de que en algún momento se reactive el Acuerdo de Cooperación de Asilo (ACA) firmado en julio del año pasado y mediante el cual EE. UU. puede deportar a Guatemala a hondureños y salvadoreños que soliciten protección al llegar a su frontera.

“El tema es alarmante porque todos sabemos que EE. UU. tiene capacidad de presión”, expuso De Villa. “Agravaría nuestros problemas, eso sí está claro. Ojalá no se produzca, porque sería muy injusto”, añadió.

A los migrantes se les da asesoría de cómo encarar su proceso de solicitud de asilo y como reisertarse a la vida laboral de Guatemala. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

“Queremos quedarnos”

El día de la inauguración de la casa hogar había unas 15 personas albergadas, algunas incluso profesionales que salieron de sus países al ver amenazadas sus vidas.

Ramiro* cuenta que tiene un año de estar en Guatemala. Fue uno de los cerca de cien mil exiliados de Nicaragua tras la crisis social y política que estalló en el 2018 y que dejó decenas de muertos.

Confiesa que cuando salió de su país lo hizo con la esperanza de que las cosas cambiarían en el corto tiempo, pero no fue así, sino empeoraron. Por esa razón, este año decidieron que su esposa y sus hijas se vendrían a Guatemala. Ellas se encontraban en el albergue y Ramiro recién salía después de haberlas visitado.

“Tuvimos que malvender todo lo que habíamos construido por 20 años de matrimonio en Nicaragua: casa, carro y otras pertenencias, y nos vinimos a Guatemala con lo que traíamos puesto”, relata Ramiro, quien tiene dos títulos universitarios y en su país trabajaba como administrador de dos importantes negocios.

El migrante cuenta que la Pastoral de Movilidad Humana le ayudó a colocar a sus hijas en el sistema educativo guatemalteco y a él, a integrarse a la vida económica. Hasta hace poco contaba con un empleo, el cual perdió semanas después de iniciada la pandemia.

Con un dejo de tristeza señala: “Todavía hay desconocimiento en las empresas acerca de la migración”, pues a él le han negado oportunidades por ser extranjero, a pesar de que ya cuenta con permiso de trabajo.

Adrián* es un joven salvadoreño de 26 años que también ha sido asistido por la Pastoral.

Narra que en su país trabajaba en un taller de motocicletas, pero su vida corre peligro porque tuvo problemas en su trabajo que causaron que comenzara a recibir amenazas de muerte, las cuales cada vez fueron más constantes hasta que en enero de este año uno de sus agresores le dijo que no se haría responsable de lo que le pasara.

Monseñor Gonzalo de Villa en el momento que bendecía la residencia. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

Fue así como decidió salir de su país, y aunque no conocía Guatemala cuenta que en la Casa del Migrante, el primer lugar en el que estuvo, lo trataron muy bien, pues lo asesoraron acerca de qué debía hacer con su proceso de solicitud de asilo y lo trasladaron al albergue donde ahora se encuentra.

“Yo no quiero llegar a EE. UU., sino huir de El Salvador porque allá yo ya no puedo regresar, en mi país hay mucha delincuencia y corro riesgo mi familia y yo”, aseveró Adrián.

Unos 15 solicitantes de refugio se encontraban en el albergue, como este joven que huye por la violencia de su país. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

Via PL


Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *