Las milagrosas remesas familiares

Comparte

Por: Mario A. García Lara

Se esperaba que las remesas familiares que ingresan a Guatemala sufrieran una drástica caída debido a la recisión que está sufriendo la economía estadounidense (de donde proviene casi la totalidad de las mismas). Sorprendentemente, aunque la caída efectivamente ocurrió entre marzo y mayo, a partir de junio el ingreso de remesas ha aumentado con vigor, debido en parte a la incipiente recuperación de los niveles de empleo en la comunidad hispana de los Estados Unidos y, muy probablemente, a que los migrantes guatemaltecos han reaccionado ante el deterioro de la economía guatemalteca echando mano de sus ahorros para apoyar a sus familiares afectados por la crisis.

Este inesperado flujo de divisas es un oportuno alivio y un crucial apoyo para el consumo de los hogares, que es el principal motor de la demanda agregada en nuestro país, aunque será insuficiente para contrarrestar el duro golpe que la pandemia está teniendo sobre la producción nacional. El mérito del aumento en las remesas es exclusivo de los migrantes y, evidentemente, no puede atribuirse a ninguna política pública que se haya aplicado en el país pues, hasta ahora, la única forma en la que el Estado guatemalteco ha promovido las remesas es mediante su incapacidad de evitar que nuestros connacionales emigren en busca de las oportunidades de empleo y bienestar que no encuentran aquí.

Las perspectivas para las remesas familiares, sin embargo, no son necesariamente buenas: existe un riesgo latente de que la incipiente recuperación del empleo en los Estados Unidos se ralentice ante la incierta trayectoria de la pandemia en el otoño y ante los crecientes problemas de gobernabilidad en torno al proceso electoral y las protestas raciales en ese país. Además, el reciente repunte en las remesas, en la medida en que provenga de los ahorros de los migrantes, no podrá sostenerse por demasiado tiempo. Entonces, se hace necesario que -ahora sí- el gobierno adopte algunas medidas que busquen proteger y facilitar el flujo de remesas hacia el país.

Por un lado, debe impulsar una diplomacia activa en materia de migrantes y remesas. Es importante hacerle ver al gobierno estadounidense que los trabajadores migrantes desempeñan labores esenciales para la economía y la sociedad de ese país (en áreas tan importantes como la agricultura, la alimentación y la salud), a veces poniendo en riesgo su propia salud y bienestar, por lo que es conveniente para todos que los migrantes tengan acceso a los servicios públicos esenciales. También debe gestionarse la ampliación de programas de visas temporales de trabajo, así como extender y fortalecer la atención que los compatriotas reciben de los distintos consulados guatemaltecos en aquel país. 

Por otro lado, a nivel doméstico, el gobierno debe revisar las regulaciones existentes en materia de envío y recepción de remesas, a fin de facilitar los flujos, al tiempo que ataja los riesgos de su uso inadecuado o de lavado de dinero. También debe favorecer los medios digitales que existan o que puedan surgir para una eficiente transferencia del dinero de los migrantes hacia los recipiendarios de remesas. Algunos países receptores de remesas (como Paquistán, por ejemplo) han ensayado con éxito la aplicación de incentivos fiscales a las empresas que se dedican a transferencias de remesas y han generado mayor competencia entre las mismas, para reducir las tarifas y mejorar los servicios. Asimismo, el gobierno debe afrontar el desafío de recibir a las eventualmente crecientes oleadas de migrantes deportados, brindándoles capacitaciones para que puedan reinsertarse en el mercado laboral, y facilitarles el acceso a créditos que puedan ayudarlos a emprender nuevos negocios en sus lugares de origen. Es un apoyo mínimo que esos compatriotas -que con su sacrificio han contribuido tan decididamente a la estabilidad de la economía nacional- se han ganado.


Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *