Costo de oportunidad

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Por: Federico Bauer Rodríguez

El Dr. Manuel Ayau, quien recién cumplió diez años de fallecido, en sus primeras lecciones de economía insistía en explicar el concepto de “costo de oportunidad”.
El costo de oportunidad, él explicaba, es el valor de lo que dejamos de adquirir cuando tomamos una decisión económica.
El costo de oportunidad de lo superfluo es lo necesario o lo más esencial.
Una persona racional siempre toma la decisión que en ese momento le parece ser la que más le satisface.
Cuando la compra se hace al crédito, la decisión implica un pago posterior, lo cual también debe ser tomado en cuenta. Los usuarios de tarjetas de crédito muchas veces ignoran este principio.
Todos los días, desde que abrimos los ojos, iniciamos una serie de decisiones que implican hacer algo y dejar de hacer todo lo excluyente (costo de oportunidad), ya que el tiempo y los recursos son limitados.
Si la decisión favorece una necesidad urgente, como la salud y alimentación, el costo de oportunidad incluye todo a lo que se renunció (en el marco de lo posible), pero es una decisión lógica.
Entre llevar al hospital a un hijo enfermo o llevar a la familia a la playa, es una decisión racionalmente fácil.
Ahora bien, los anteriores principios racionalmente económicos y éticos, no aplican al sector público en la mayoría de los países del Mundo.
Cuando el gobierno decide construir cien kilómetros de carretera en el occidente, en lugar de en el oriente del país, lo debiera hacer con base en un estudio costo-beneficio para la sociedad, y no con base en las coimas que generan cada proyecto.
Ahora veamos la propuesta del presupuesto nacional para el 2021 en orden de importancia y su costo de oportunidad:
Salud Pública con casi diez millardos de quetzales, que podría incrementarse en casi dos millardos suprimiendo Desarrollo Social, y quinientos millones suprimiendo Cultura, ya que no necesitamos muertos muy cultos.
Educación con casi diecinueve millardos de quetzales, podría incrementarse eliminando secretarías y otras dependencias burocráticas, que solo frenan la actividad económica.
Tanto Salud como Educación tienen sindicatos cuyo costo de oportunidad es gigantesco, ya que impiden que estos y otros ministerios funcionen con eficiencia y libres de corrupción.
Un ejemplo reciente es que el costo de oportunidad de tener “asesores” en el Ministerio de Cultura, con un presupuesto de setenta y cinco millones de quetzales anuales, sería tener un incremento de cantidad y calidad de personal de salud.
Las obligaciones constitucionales tampoco reflejan el orden de prioridades que tenemos en cuanto a desnutrición, salud, educación y justicia en la asignación del presupuesto nacional.
Financiar con deuda la pandemia, en lugar de reasignar recursos de acuerdo a prioridades reales y no a requerimientos de la corrupción, es irracional e inmoral.


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