La nueva ola

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Por: Hugo Maul

El dilema entre preservar la vida o las fuentes de subsistencia parece haber perdido la importancia que tenía hace tres o cuatro meses. En la medida que la economía se “abre” el foco de las preocupaciones parece haberse movido hacia la reactivación económica. Pareciera que muchos han dado por sentado que nunca jamás sería necesario volver nuevamente a los confinamientos estrictos y a las prohibiciones generalizadas sobre las actividades económicas. Mientras tanto, países que hace unos meses eran motivo de admiración por su manejo de la pandemia, se ven obligados a recurrir nuevamente a estrictas medidas para reducir segundas olas de contagios. Esto último, una posibilidad que nadie desea para Guatemala pero que, de cara a lo que se ve en otras latitudes, es algo que no puede descartarse completamente. Si la primera ola de contagios tomó a todos por sorpresa, no debería ser así con una futura segunda ola. Nada se pierde con analizar la forma en que el gobierno, a nivel nacional y local, y el Poder Legislativo podrían responder de mejor manera ante tal posibilidad; los escenarios que pudieran construirse con este propósito deberían evitar a toda costa recaer en el dilema entre la preservación de la vida o la de la economía.

A estas alturas de la pandemia ha quedado claro que “no hacer nada” en materia sanitaria, y que cada quien se las arregle como pueda, como se comentó en este espacio la semana pasada, también conlleva importantes costos económicos. En el otro extremo, la solución de “parar” la economía por completo, tampoco está libre costos en materia de pérdida de vidas humanas y costos para el sistema de salud. La prudencia indicaría, entonces, la necesidad de buscar un balance entre proteger al máximo la salud de la población mientras se minimiza el costo económico de las medidas; o bien, maximizar la protección de la economía al mismo tiempo que se minimizan los costos para el sistema de salud y la pérdida de vidas. En tal sentido, es importante reconocer que la experiencia ha mostrado que el impacto económico de las medidas sanitarias es muy heterogéneo, afectando sobre todo actividades económicas y ocupaciones que dependen de forma crítica e insustituible de la interacción social; y beneficiando, derivado del cambio de las prioridades de gasto de los hogares, a las actividades esenciales. Por tanto, la elección de las medidas económicas y sanitarias que deberá afrontar el gobierno no se reduce a una valoración entre defender la vida o los medios de subsistencia, sino de establecer sobre quiénes y cómo recaerán los beneficios y costos, económicos y de salud pública, de las decisiones de política pública. Muy probablemente, debiéndose enfocar en la protección de los grupos poblacionales y sectores económicos que saldrían afectados por las medidas sanitarias y una lenta recuperación económica.


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