Preparar y consumir los alimentos en colectividad: una propuesta feminista

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Por: verónica sajbin velásquez – La Cuerda

Actualmente, en época de pandemia, una de las problemáticas que ha salido a relucir es la mala alimentación o malnutrición, la cual se está convirtiendo en un problema serio en nuestro país. Se encuentran en las redes digitales, casi diariamente, mensajes relacionados a alimentarnos adecuadamente, educándonos a comer bien, pero ¿qué significa esto y qué implicaciones tiene en la vida de las personas, sobre todo de las mujeres?
Una de las propuestas que, como feministas, unidas en el espacio llamado Asamblea Feminista, tenemos es precisamente sobre los alimentos. Decimos que estos están vinculados como parte de las acciones fundamentales para la liberación de nuestros cuerpos y el cuidado de la vida. Esto implica el acceso universal a espacios sanos y libres de todo tipo de contaminación, incluyendo aquellos donde se siembra lo que llevamos a nuestra mesa; la gente no debiera consumir pesticidas, ni sustancias artificiales en su alimentación.
Creemos importante ponerle atención no solo a cómo nos proveemos de los alimentos que consumimos, sino también a cómo transformar, desde esta acción, los hogares en un sentido amplio. Y es que el acto de comer también implica el cuidado que debemos asumir, con responsabilidad, para nosotros y nosotras mismas, para los y las otras; pero también para el cuidado de la naturaleza. En ese sentido, nosotras proponemos que los alimentos se debieran sembrar según las capacidades del clima y del suelo, entre otras cosas y no fomentar los monocultivos que tarde o temprano dañan la naturaleza y todo lo que habita en ella, incluyéndonos. Hay que comprender que la alimentación se ha convertido en un bien con ánimo de lucro de empresas, nacionales y transnacionales, que dominan los procesos de acumulación y que consideran la vida como algo a explotar.
Por otro lado, se debe ver la alimentación como algo que es tarea de vida y por lo tanto debe ser responsabilidad de todas las personas y no solamente de las mujeres, es clave para ello decidir en colectividad, en familia, cómo nos dividimos el tiempo y los ingresos y a qué le damos prioridad. Esta tarea que es por el bienestar colectivo de nuestras familias, no deben gestionarla ni debe ser solo responsabilidad de las mujeres. Es necesario recuperar la colectividad e imaginar e implementar otras formas de hacerlo, ya que cocinar y comer son tareas fundamentales para la vida de todos y todas. Además de las historias que se tejen a solas por mujeres, la cocina es un espacio que en muchos hogares se vive en una profunda desigualdad.
Les invito a voltear a ver su cocina con estos ojos y reflexionar sobre lo que pasa en la cotidianeidad en ese espacio. Retomemos los principios de complementariedad, equilibrio y armonía, que la cosmovisión de los pueblos originarios nos ha heredado, y pongámoslos en práctica en ese espacio donde almacenamos y cocinamos nuestros alimentos. Esto podría ayudar a tomar conciencia en un cuidado mutuo con la naturaleza, con otros seres vivientes, con el ecosistema en general, para el cuidado de la vida en plenitud, y quizás, también, evitar impactos de otras pandemias como la que vivimos ahora, en el futuro.


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