Este modelo de gobernanza está ahogando a Guatemala

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Por: María Aguilar

El viernes 18 de septiembre, el día que el gobierno abrió las fronteras del país, el presidente Alejandro Giammattei anunció que luego de seis pruebas había dado positivo al coronavirus. Esto tan solo tres días después de dar en el Congreso el discurso del 15 de septiembre, donde se concentró en atacar a la prensa, y donde se le observó caminar sin mascarilla. Aparte de su discurso amenazante, su actitud fue tremendamente irresponsable frente a la salud pública de la población y de los trabajadores, así como la de los congresistas que se han dedicado a servirle de alfombra.

El comportamiento de Giammattei, quien rehusó tomar medidas de cuidado personal, puso en riesgo de infección a las personas al no usar mascarilla ni respetar el distanciamiento social. Esto materializa la irresponsabilidad y negligencia con la que su gobierno ha abordado la crisis de salud pública que el 20 de septiembre se tradujo “oficialmente” en 85 mil 444 casos y de 3 mil 119 muertes por COVID, que realmente podrían ser más. Por eso, decidió abrir fronteras y un aeropuerto cuyas imágenes mostraban amontonamientos de personas sin un protocolo que demandara el cumplimiento de normas sanitarias mínimas. Asimismo reanudó vuelos de y hacia Estados Unidos, país que esta semana llegó a 200 mil fallecidos lo que seguramente tendrá un impacto en el contagio local. 

Mientras Giammattei se victimiza dando un informe de salud diario, el Ministerio de Salud calla con respecto a los contagios y muertes diarias, demostrando que la vida de Giammattei vale más que las vidas de todos los guatemaltecos. Esa línea egoísta de gobernar llevó a que se les redujera en Q1,000 el salario a los trabajadores del Hospital Temporal del Parque de la Industria mientras que un edecán glorificado dirige un Centro de Gobierno innecesario ganando más de Q42 mil mensuales. Este actuar no es el de un presidente sensato o inteligente

 Guatemala vive permanentemente al borde de un abismo político, económico, social y sanitario. En el periodo de Giammattei, la crisis de coronavirus está exponiendo de manera pronta la poca capacidad del gobernante y de su desordenado Gabinete. También la corrupción desmedida y el abuso de poder de Giammattei, que en ocho meses ha logrado desaparecer millones de dólares de préstamos destinados a enfrentar la pandemia pero que han ido directamente a los bolsillos de algunos funcionarios y de sus allegados, familiares o amantes, la mayoría sin preparación para los puestos a los que han sido contratados. 

El comportamiento cínico y corrupto de Giammattei ya no sorprende, ni siquiera a los periodistas conservadores. Lo que sí sorprende es la capacidad de los guatemaltecos de aguantar este modelo de gobernanza que solo los empobrece más cada cuatro años. 


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