Treinta y cinco mil personas denuncian ecocidio en Manchón Guamuchal 

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Por: Marcela Gereda

Me cuesta admitirlo: muchas veces la conducta humana se asemeja a una plaga para el planeta. Estamos evidenciando no solo la pérdida de bosque en toda la tierra, sino la ambición por seguir explotando a lo bestia los recursos naturales. Como si no hubiera mañana. Como si las generaciones del futuro no necesitarán de los bosques y del equilibrio entre las especies para poder sobrevivir. 

Según diversas organizaciones e instituciones científicas el cambio climático es el mayor desafío para la humanidad en nuestro tiempo. A lo largo de los dos últimos siglos, la actividad humana ha transformado la composición química del agua y del aire en la Tierra, ha alterado la vida misma y los ecosistemas. 

Más de un siglo de industrialización, deforestación, aumento poblacional, consumismo, etcétera, han generado en la atmósfera gases de efecto invernadero (GEI). A escala geológica, los humanos somos una de las especies más jóvenes del planeta. Especies que llevan más millones de años que nosotros sobre la faz de la tierra, hoy están en peligro de desaparecer a causa de nuestra actividad. 

Estamos ante la sexta extinción de especies. Da vergüenza que Guatemala siendo un país mega diverso no valore ni proteja los bosques ni la diversidad de especies. 

A principios de este mes la organización Voces del Planeta (movimiento que reúne a organizaciones ambientales, instituciones académicas y al sector empresarial) solicitó al Presidente, al secretario del Consejo Nacional de Áreas Protegidas, Abraham Estrada, y a diversas autoridades, se remuevan las certificaciones ambientales a empresas responsables de daños ambientales y se tomen acciones pertinentes ante un crimen ambiental que se está llevando a cabo en la reserva Manchón Guamuchal. Se entregaron al Presidente 35 mil firmas que solicitan la protección de esta reserva natural. 

Manchón Guamuchal es un humedal marino costero de 13 mil hectáreas situado a lo largo de la costa del Pacífico de Guatemala en los departamentos de San Marcos y Retalhuleu. Es uno de los últimos bosques de manglares. 

En Guatemala el cultivo de la palma africana representa 130 mil hectáreas, el azúcar 284 mil hectáreas, el banano 72 mil hectáreas, eso suma 486 mil hectáreas. El monocultivo de la azúcar, el banano y la palma africana son en gran medida responsables de la destrucción del ambiente. ¿Cómo es posible que el Conap y el MARN sean incapaces de conservar una reserva natural de 13 mil hectáreas que representa el equivalente del 2.86 por ciento del área de cultivo? 

La agrupación expresa que cada año, los cultivos de palma africana dañan los ecosistemas a nivel nacional. Estas plantaciones cuentan con certificados que suponen altos estándares de control de residuos, sin embargo, dada la evidencia se ve que el nivel de auditoría es leve. 

Este año el daño fue aún mayor, ocasionando un ecocidio, causando un desequilibrio en el ecosistema, matando peces y crustáceos. La Agrupación Voces del Planeta expresa su preocupación ante la capacidad institucional del gobierno. Y también ante la falta de respuesta de Rainforest Alliance quien certifica a la empresa palmera, y quienes  respondieron que no iban a investigar el caso y que todo lo estaban operando bien pese a la evidencia fotográfica y de la voz y testimonio de la población local. 

Ayer evidenciamos otro ecocidio: el río Motagua sigue arrastrando más de 20 kilómetros de desechos plásticos hacia Omoa en Honduras. No consumamos más productos envueltos en plástico. Muerte a los plásticos de un solo uso. 

Cuidar nuestros ríos dejando de consumir productos que vienen en plástico es un gran reto. Proteger nuestros bosques es otro reto imprescindible. Esta es una oportunidad para que nos unamos en una cruzada para recuperar la eterna primavera. Demandemos juntos una gestión integral de residuos sólidos, la protección de nuestros bosques, manejo de aguas negras, etcétera. Esa es una verdadera forma de amor patrio: proteger, respetar, conservar la gran riqueza y joya de bosques y ríos. Si no entendemos que de ese equilibrio depende nuestro futuro, pereceremos. 

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