Bajo el cráneo de los pájaros listos: cuántas veces puede evolucionar la inteligencia de forma independiente

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No hay que ser muy cuco para darse cuenta de que hay pájaros muy listos. Demasiado listos, incluso. Lo sabemos desde hace bastante tiempo. De hecho, la pregunta sobre cómo es posible que algunas aves tengan capacidades cognitivas comparables a los mamíferos con una organización neuronal radicalmente diferente a la de los mamíferos tiene más de cien años. Más de un siglo sin tener una respuesta clara para una pregunta importante.

Saber cuáles son las bases materiales de esas capacidades cognitivas en dos especies tan distintas como primates y aves puede ayudarnos a abrir una vía hacia poder reconstruirlas a nivel tecnológico. Y no hablamos de memoria o atención; o no solo: hablamos sobre cosas como la conciencia. Y ahora, un par de artículos publicados en Science ha mirado debajo del capó de varias especies de pájaros para ver qué es lo que hay ahí dentro.

Bajo el cráneo de los pájaros

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Y, según Martin Stacho y sus colegas, lo que han descubierto es que donde los mamíferos tienen su conocida corteza cerebral, las aves tienen un “palio”con una altísima densidad de neuronas. Utilizando técnicas de imagen de luz polarizada en 3D y trazado de circuitos neuronales, han podido visualizar con gran detalle la anatomía del palio en palomas y búhos.

Es más, pese a que las dos especies de aves están solo lejanamente emparentadas, descubrieron que la estructura paliar son sorprendentemente similares a la arquitectura en capas del córtex de los mamíferos. Y para esta organización puede ser la base de las excepcionales habilidades cognitivas de las aves. Sobre todo, si lo confrontamos con el trabajo de Andreas Nieder y su equipo que analizó la respuesta neuronal en cuervos carroñeros entrenados cuando respondían a los estímulos visuales.

Según este otro estudio y al igual que el córtex prefrontal de los primates, “el palio de los cuervos muestra una actividad neuronal que aparentemente corresponde a la percepción del animal sobre lo que ha visto”. Esto, para los autores, puede constituir un marcador de conciencia aunque, a priori, se necesitan pruebas más concluyentes para llegar a afirmar esto con rotundidad.

No obstante, ambos trabajos son muy interesantes. Sin embargo, lo más duro de ellos es que no resuelven el problema inicial. Las similitudes (estructurales y funcionales) con el cortex mamífero nos lleva a preguntarnos si “es posible que esta estructura neural similar al córtex de los mamíferos, que permite habilidades cognitivas complejas como la conciencia, ya existiera en el último ancestro común de aves y mamíferos hace 320 millones de años“.

Si no fue así, si surgió de forma independiente en ambas especies mediante lo que solemos denominar “evolución convergente” estaríamos ante la evidencia más clara de que la inteligencia (por muy rudimentaria que sea) puede evolucionar una y otra vez de forma independiente. Hoy no hemos encontrado pruebas de esto, pero estamos en el camino de encontrarlas.

Imagen | Jacek Dylag

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Via Xataka 2


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