La historia de Quetzaltenango se puede escribir por el arte

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Por: Francisco Roberto Gutiérrez Martínez

La cultura ha sido un sello que distingue a Quetzaltenango, es por ello que se le conoce como la “ciudad de la cultura”, la que se expresa mediante manifestaciones artísticas variadas. Y es por ello que la ciudad atrae artistas, siendo con ello que se convierte en una

Ciudad que concita e inspira.

La cultura, como sabemos, es ese cúmulo de conocimientos, de ideas, de tradiciones, de costumbres que alimenta espiritualmente a un pueblo, y es la cultura la que le diferencia y caracteriza. El hecho de ser Quetzaltenango una ciudad en que conviven varias etnias es razón de que en ella se produce una especie de “fertilización” intelectual y motivacional para la creatividad, aportando cada una lo suyo en mixtificaciones que resultan en expresiones novedosas, originales y llenas de contenido.

En la historia de Quetzaltenango se marcan claramente épocas en que la producción de arte deja marcajes. Tomo como ejemplo el siglo pasado, en el que en tan solo en el periodo de los años 20 a 50 varios artistas legaron obras extraordinarias: Jesús Castillo, Ricardo Castillo, los hermanos Hurtado y Domingo Betancourt en la música; Carlos Mérida, Arturo Martínez y Humberto Garavito en la pintura; Rafael Yela Günther en la escultura; en la literatura Carlos Wyld Ospina, Alberto Velásquez, Werner Ovalle López, Víctor Villagrán Amaya; sin olvidar a Osmundo Arriola quien unos años antes promovió los Juegos Florales Hispanoamericanos que se convocan anualmente para este mes de septiembre. Quetzaltenango cuenta en su poemario con un parnaso de más de 200 poemas dedicados a la ciudad. ¡Y qué decir del prolífico Efraín Recinos autor de abundante obra en pintura, escultura y arquitectura!

En la actualidad vemos otro florecimiento en las artes, otro período de creatividad en Quetzaltenango que se manifiesta con grupos que trabajan literatura, como el “poetry slam” y el “festival internacional de poesía” que se organizan anualmente y en el que participan poetas y literatos de varios países. De igual forma trabajan grupos de pintores, entre ellos Rolando Aguilar, Francisco Vela, Alfredo García, Lucas Molina y otros.

Hay en la ciudad espacios para ello: la Casa N´oj (antigua residencia presidencial); el Centro Intercultural (antigua estación del ferrocarril de los altos); el centro cultural Efraín Recinos (promovido por una empresa privada), entre otros. Y el fomento del arte a través de colectivos como Xelajú Naranja, que se propone promover la “industria creativa”; o el concurso anual de pintura Arturo Martínez.

Todo ello hace recordar la época de inicios del Renacimiento italiano, cuando en Florencia Lorenzo de Médici facilitó que vivieran en la Ciudad artistas geniales, como Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Rafael, Donatello; personajes de la política como Maquiavelo, matemáticos como Luca Pacciolo, logrando con ello una escalada de motivación e intercambios productivos artísticamente.

La importancia del arte en la cultura cívica es fundamental, pues cumple funciones humanas trascendentes que van desde la elevación del espíritu común -fuente de capital social- hasta la de promover la paz y armonía societarias.

Una visita a la ciudad de Quetzaltenango permite conocer su historia a través del arte. Con tan solo recorrer el parque a Centroamérica se encuentra una serie de edificios de una singularidad única en Latinoamérica, construidos en estilo neoclásico (clasicista): el palacio Municipal, la casa de la Cultura, la casa N´oj, el Pasaje Enríquez, el edificio del Banco Industrial, el hotel Canadá, el edificio Rivera y, por supuesto, la Catedral de los Altos.

Mencionó también en ese recorrido de arte disperso en la ciudad, los monumentos a la revolución del 97, esculturas a varios artistas, y al ingreso a la ciudad, el monumento a la marimba, de Galeotti Torres, que simboliza la conjunción artística: la música, la escultura, la poesía y la belleza.


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